Un pescador anhela
Tener un pez entre sus redes,
Y flotan desechos de tristeza
Desde el fondo de sus ojos…
…mirando caer la lluvia
Una mujer sigue tejiendo
Para distraer sus angustias
Dejar que el tiempo pase
Matando los deseos lujuriosos
De esos seres que la codician.
Ya sin mirar lo triste de este viaje
Nos dejamos arrastrar por las penas
Sin asomo de rebeldía alguna…
Y nos duele la vida
Como el golpe de un látigo
O la caída vertiginosa de un cuerpo
Sobre la loza fría de una tumba.
Ya Ítaca está abierta a los deseos
Y sólo un amante tomará la joya
Icono del amor guardado
Y la fortaleza de esa rosa
En la espera de su espina…
Un tejido, al fin, se hará eterno
En los entrelazados cuerpos.
Dalit R. Escorcia Marchena.
