CANTAR POR LA VIDA... NO IMPORTA SI ES POR TRISTEZAS Ó ALEGRÍAS



"Estos Cantos se harán en versos o en prosas; lo que importa de ellos es la forma de mover los sentimientos. Si éstos son de alegría: ¡Que Viva la Vida!... Y si son de tristezas ¿qué le vamos hacer? pero... ¡Que siga Viviendo la Vida!"

viernes, 17 de diciembre de 2010

CREACION DEL AGUA EN LA FUENTE

...Moldeo mis manos en la arcilla
Navegación serena de las gotas,
Ojos del cielo. Cae la lluvia,
Ninfas celestes de orquídeas y rosas,

…moldeo mis versos con sus voces,
Arco de luz y sonidos transparentes…
Sueños de búsqueda entre la gente,
Deseo sublime de pasión y goce.

Bella canción del mar en la alborada,
Fluido cristalino, húmedo y fugaz, roce
Sensación de frescura en la mañana,
Lagrimas de la noche en mi ventana…

Ojos de Dios que desde las sombras posan,
Y hacen emerger un lánguido suspiro…
De agotado amor, entre mis sábanas.

jueves, 9 de diciembre de 2010

¡COMO UN GRAN HOMENAJE A DOS GRANDES AMIGOS: Manuel Escobar (q.p.d.) y Jaime Cabrera González.

Los sobrevivientes


Por: JAIME CABRERA GONZÁLEZ
Por segunda vez la cita no se dio. En la primera ocasión Manuel J. Escobar no pudo llegar y en ésta, fui yo quien no cumplió. Aunque en los últimos años he estado en Barranquilla para Navidad y Año Nuevo, en esta oportunidad no pude viajar como me hubiera gustado y asistir a la invitación, con afiche y todo, abierta por el pintor Samuel Buelvas para reunir a los amigos de “Mañe” en Lunabril, un sitio que aparece en la guía como restaurante bar, pero que es en realidad una casa encantada. Digo, con cantos que trepan por las paredes como venas poéticas.
El encuentro inicial nació hace dos años cuando la poeta Nora Carbonell me presentó a María Bernarda. Ella me dijo: “¡Ah, tú eres el ‘famoso’ jaimecabrera del que tanto habla manuelescobar!”. Como le comenté que hacía años no lo veía, se le ocurrió organizar un reencuentro para cuando yo volviera. Al calor de los güisquis dije que la velada literaria se llamaría “Los sobrevivientes” para hacer referencia a que muchos de quienes habían comenzado sus “carreras literarias” conmigo habían dejado enfriar el brazo. Pero también a los que permanecían en la ciudad después de que en los años 90 un puñado del grupo nos desbandamos por el mundo.
En el próximo regreso ya había un programa. Volvería a reunirme con Manuel como en los viejos tiempos, pero también estarían Ubaldina Díaz, Samuel Buelvas, Nora Carbonell, Christian Salas, Lya Sierra y el profesor Guillermo Mejía Mendoza, porque a estas alturas de la vida Berty Barranco se había establecido en Nueva York, William Renneberg en un pueblecito de Carolina del Norte, David Esguerra en Venezuela y Carlos Arturo Camargo en Tampa, y sobre Dalit Escorcia y Jorge Luis Bastidas nadie daba un dato preciso sobre sus respectivos paraderos. Que uno después de ser una especie de poeta maldito se había santificado de tanto trabajar con unos curas; que el otro lo había visto tras unas faldas en Cienfuegos, Cuba, y no sé qué más chismes que no vienen al caso.
Al entrar los años 80 había un fervor cultural en Barranquilla, en especial, en el ámbito literario tal como aparece reseñado en el libro “Escribir en Barranquilla” de Ramón Illán Bacca. Los grupos de escritores jóvenes brotaban y se extendían como la verdolaga; los que no publicaban en los periódicos —que ya no daban abasto— creaban sus propias revistas y mostraban sus textos. Como yo andaba sin conexión con otros creadores ni conocía a los encargados de las páginas literarias de la prensa llegué a inventarme un grupo que logró hacer su entrada triunfal un viernes del 1978 en el Diario El Nacional junto a la foto del muerto y la crónica roja del día, en un espacio de Aníbal Tobón llamado “Kontacto”. Claro que nadie, hasta hoy, supo que el único miembro del grupo que firmaba un poema-manifiesto a cuatro manos era yo y el nombre de una novia que no se enteró del robo de identidad.
Verme en letras de molde me hizo tan valiente y prosaico que acabé con el “grupo” y me dediqué a vivir del cuento publicando en otros diarios con tan buen tino (o sino) que un día de noviembre llegó la noticia —al instante con la muerte de mi abuelo— que me había ganado un premio iberoamericano de ese género en Chile. Y se armó el alboroto: “Pero si no tiene grupo”. “Pero si no tiene revista”. Para colmo de males El Heraldo publicó una foto que correspondía a la imagen de un gobernante de una isla del Caribe invadida por los Estados Unidos y su “Furia Urgente”. O, por lo menos, mis barbas lucían tan desgranadas como las del granadino Maurice Bishop. “¿Pero, en fin, quién es este ‘man’?”, dicen que decían.
A mi regreso de Santiago de Chile se me ocurrió hacer lo que hacían (y siguen haciendo) muchos de mis amigos músicos, es decir, no parar de aprender sobre el oficio y me inscribí en un taller literario (tan de moda) que dirigía el crítico Carlos J. María en la Universidad del Norte. Allí conocí a William Renneberg quien me invitó al lanzamiento de la Casa de la Cultura Francisco “Pacho” Bolaños, en honor al folclorista y poeta negro, evento que se llevaría a cabo ese domingo en un salón de la Escuela Normal. Finalmente, después del blablablá, de la elección de una junta directiva y del hambre que me ganaba, terminé formando parte de un grupo de verdad.
Un sábado, día en que nos reuníamos a las cuatro en punto de la tarde, apareció Ubaldina Díaz con un cargamento de poemas que leyó por varias semanas hasta que nos enteramos que cada vez venía detrás de ella, sin dejarse ver, un hombre que llegaba a la tienda de la esquina y cigarrillo tras cigarrillo cuestionaba a los parroquianos del Barrio Olaya sobre qué hacía su mujer allí, quiénes éramos nosotros y quién sabe a qué lo hubieran llevado los celos si no lo hubiéramos bajado de su nube de Kent e invitado a leer su trabajo poético traspapelado con los exámenes que sacó de un maletín de profesor del SENA. Desde esa tarde, Manuel no sólo se nos metió en el corazón, sino que ya no hubo manera de callarlo, de bajarle el voltaje a ese histrión que le quedó de sus días de declamador y luego alimentado por la militancia sindical.
Después, como para no variar, creamos la revista “Cofa de Mesana” (no de Mexana como creían los que pensaban que teníamos el patrocinio del talco y querían saber cómo éramos los únicos que habíamos conseguido un respaldo económico). Hacía referencia a un término de marinería que nos sugirió Álvaro Suescún, que fungía de “gurú” desde la marquetería Arte Cristal, a partir de una columna del escritor cereteano Leopoldo Berdella que publicaba en un periódico de Cali. El “órgano oficial” de la Casa de la Cultura Pacho Bolaños, como decía el cabezote, fue el viaje de un barco de papel en mares de tinta, textos levantados de manera artesanal a veces en el patio de una casa de mala reputación, planchas electrostáticas de dudosa procedencia y una regularidad de mandato divino: aparecía cuando Dios quería.
Durante varios años el colectivo de escritores y pintores aunque se despachó con recitales, viajes, ponencias, encuentros, programa de radio y Manuel llegó a presidir la Unión Nacional de Escritores de Colombia, capítulo Atlántico, también se fue reduciendo después de que realizáramos para televisión el documental “El Torito nunca pierde” en 1990, basado en la Danza del Torito, con la dirección de Livingston Crawford. Las reuniones pasaron del Barrio Olaya a la casa de Manuel, Ubaldina, Nani y Manolo en El Silencio o en algún bar por ahí, cualquier día, a cualquier hora. Las presentaciones fueron más individuales y los libros publicados no correspondían al grupo, sino a esfuerzos personales. La revista desapareció y sólo quedó Samuel Buelvas levantando el último ejemplar palabra por palabra en una plancha de linóleo sin prisa, pero sin pausa.
Sin embargo, cuando ya el grupo dejó de ser una aventura gratamente extenuante como el amor, Manuel siguió hablando de cada uno de sus integrantes en las noches en que iba a tomarse sus frías a Lunabril. De ahí que se hubiera pensado en aprovechar mi presencia en la ciudad para organizar un reencuentro de los sobrevivientes de la Casa de la Cultura Pacho Bolaños y la revista Cofa de Mesana. Hacía unos cinco años que no veía a Manuel, la última vez estuve en el lanzamiento de uno de sus poemarios, pero las presentaciones se extendieron tanto que sentí peligraba una reunión que tenía muy buenas piernas y me fui antes de que leyera el primer texto. Mea culpa. Después me enteré que Manuel había pasado por un periodo de depresión que, creo, lo empujó a no buscarme cuando sabía que estaba en la ciudad. Tenía una nueva familia y otro hijo, había atravesado un problema laboral que lo alejaba de la docencia, manejaba un taxi y, además, nosotros los de entonces ya no estábamos ahí ni éramos los mismos.
A pesar de haber llegado unos días antes de la cita no me comuniqué con él para que el encuentro, el reencuentro, fuera ahí en vivo y en directo. Me acosté pensando en esto que he escrito y en los días inolvidables que pasamos cuando vino a visitarme a la islita en que viví cerca de Miami Beach. A las 7 de la mañana sonó el teléfono, aunque mi mamá nunca me despierta a esa hora porque nunca sé en qué planeta estoy, qué día es, con quién estoy hablando, creyó al identificar la voz de Nora Carbonell que se trataba de algo importante sobre la presentación de esa noche en Lunabril y me pasó. No abrí los ojos, sólo escuché la voz de Norita, clara, cálida, ahora nada risueña, que me dijo: “Jaime, en esta madrugada se nos fue Manuel”.

lunes, 6 de diciembre de 2010

BAJO EL IMPERIO DE LA INCERTIDUMBRE.

En ese túnel de terciopelo y seda,
Desde esa cueva que incuba la vida
Existen millones de años, de gritos
De nostalgia, sombras que vibran
Y rompen los silencios del tiempo…

Ese orificio donde el cosmos se levanta
Y deja caer su lava en sus riveras…
Y desde allí vine y voy como otra sombra
Motivado por un deseo de ser eterno.
Y sólo semillas somos, de frutos que maduran…

Y se pudren, dejando regadas otras semillas.
Vientre de mujer, esa es la Tierra…
Yo un pistilo que apunta hacia la muerte.
Busco, con ansiedad, otra existencia…
Y aunque creo en Dios, dudo de mis fuerzas.

De pronto soy el sueño de otros dioses
Que me pintaron en sus cavernas
Y el tiempo me va borrando, lentamente,
Sin antes dibujarme en otra dimensión
Dejando mi pincel para otra fuente.



Dalit R. Escorcia M.
Agosto 23 del 2003.

lunes, 15 de noviembre de 2010

Un Son.

Quiero escribir un poema
Que me sepa a dulce e caña
Quiero trepar las montañas
Y allí dejar ya mis penas…

Quiero pintar un arco iris
Con la risa de los niños
Y disolver el sol con mi cariño
Ante tu hidalguía morena.

Quiero, quiero, ser tu alma
Para estar siempre contigo
Al pie de una ventana…
Buscando el calor, tu abrigo
Desde el sol por la mañana
Hasta el medio día… lo pido.

Y si tú a mí me quieres
Como yo siempre te quise
Lloverán risas y flores
Por el placer con que te venistes…

Y seré tu enamorado,
Una cigarra, una luciérnaga
Para cantar a tu lado…
Para darte luz eterna.

Quiero ser un navegante
De tu nostálgico océano
Y posar ya, así, mis manos
Sobre el borde de tu cuerpo.

Navegar entre la bruma
De los horizontes negros
Y estrellarme con las olas
En el arrecife eterno…

Y morirme como un ave
En la lentitud de un vuelo.
Y morirme como un pez
Entre la lluvia y el viento…

lunes, 25 de octubre de 2010

ENSAYO CRÍTICO SOBRE “LA VORÁGINE” OBRA LITERARIA DE JOSÉ EUSTACIO RIVERA

La narrativa colombiana se ha caracterizado por tener representaciones muy sólidas en cada una de las épocas. Lo que ha definido unas proyecciones a través del tiempo en la construcción de un imaginario que ha respondido a una dinámica local sin desligarse de los movimientos literarios a nivel universal. De esta forma, nuestros escritores han dejado profundas huellas en ambos ámbitos, porque han tenido la inigualable capacidad para captar la realidad, desde todas las dimensiones, de nuestro país, plasmando con prolifera imaginación un mundo que nos facilita la comprensión de nuestras fortalezas y debilidades desde la intención del rescate de una autentica identidad cultural.
Con el anterior presupuesto, nos introducimos a un análisis crítico literario de una de las obras cumbres de nuestro continente americano: como es la Vorágine “(1924) es la novela de la selva que no ha sido superada con mejor técnica por otros americanos. Diferente de los géneros usuales, abrió la ruta de la gran novela americana en un grandioso y bárbaro escenario en que hombres y fieras se devoran siguiendo la ley del más fuerte. El cauchero esclavo de empresas bandoleras ligadas al capital extranjero, sabe cuando el látigo hace sangrar sus heridas y su hombría, pero no sabe si caer al pie del árbol, para convertirse en fango de la oscuridad, fue asesinado por el puñal de un ladrón o por el colmillo de una serpiente” ; en ésta José Eustacio Rivera nos muestra dos grandes facetas y dilema de un país que se revela ante el mundo como un espacio abierto en la búsqueda y la construcción de una convivencia democrática “La vorágine no es Colombia sino la definición misma de la violencia; aun la novela fue devorada por el gran poema. Las fallas estilísticas no le quitan la grandeza; las cualidades de Rivera como poeta son sus defectos como prosista” . Y en el fondo, vive una situación de conflictos sociales, políticos y culturales que lo arrastran a enfrentar consigo mismo y su ambiente natural “estas tierras de nadie, sin una guarnición ni una bandera dizque son soberanas porque en el concepto de soberanía caben todos los sarcasmos” . Para el hombre colombiano aquí la selva se convierte en su peor enemigo. “Entonces la caoba meció sus ramas y escuche en sus rumores estos anatemas: picadlo, picadlo con vuestro hierro para que experimente lo que es el hacha en la carne viva. Picadlo aunque esté indefenso, pues el también destruyo los árboles y es justo que conozca nuestro martirio.
Por si el bosque entendía mis pensamientos, le dirigí esta meditación: ¡Mátame, si quieres, que estoy vivo aun!” . Y como una forma de venganza contra todas las bajezas cometidas contra su integridad pone a los seres humanos a enfrentarse entre sí, ilusionados por la ambición de buscar y obtener más y más riqueza.
Esta historia se inicia en la ciudad de Bogotá entre Arturo Cova, poeta aventurero en busca de emociones fuertes, y Alicia, jovencita de la sociedad bogotana, rebelde… pero frágil y tierna. Pero, cómo quienes que parten del cielo al purgatorio* bajan al llano, donde el autor con una pluma magistral nos plasma en su narración unas tierras sin límites donde se respira libertad, y una sensación de camino ancho y sin dificultades que, en el sentido teológico, conduce al infierno que ente caso es la selva y todo su rigor. “Está la selva sádica y virgen procura el ánimo la alucinación del peligro próximo. El vegetal es un ser sensible cuya psicología desconocemos. En estas soledades, cuando nos habla, solo entiende su idioma el presentimiento. Bajo su poder, los nervios del hombre se convierten en haz de cuerda, distendidos hacia el asalto, hacia la traición, hacia la asechanza. Los sentidos húmanos equivocan sus facultades: el ojo siente, la espalda ve, la nariz explora, las piernas calculan y la sangre clama: ¡Huyamos huyamos!” . Un lugar misterioso lleno de riquezas naturales, pero también donde se fermentan las pasiones más bajas de la especie humana. Y se personifican éstas en Barrera, el cayeno, la turca y sus secuaces; seres que parecen sacados de los fondos más intricados de la conducta infernal; y puestos allí por el ingenio de este hombre nacido* como una forma de hacer más comprensible la brutalidad de la naturaleza en la ejecución de su justa venganza. No obstante, José Eustacio Rivera da la palabra a Clemente Silva, para que éste con gran acierto nos narre, desde su oficio de rumbero y hombre adolorido, golpeado por el infortunio desde su juventud, la forma como la selva se vuelve implacable frente aquellos que osan atacarla en el afán de obtener sus beneficios en detrimento de su propia integridad física. “No perdía don Clemente oportunidades de ponderarme los sufrimientos de la vida en las barracas y la contingencia de cualquier fuga, sueño peremne de los caucheros, que lo ven esbozarse y nunca lo realizan porque saben que la muerte cierra todas las salidas de la montaña” . También es cierto, que él cayó allí por la fuerza de uno de los cursos de la historia y su funesto destino: llevado por la búsqueda de su hijo, quien desde muy niño había escapado del hogar, situación que aceleró la muerte de la madre, y ocasionó que él hiciera un juramento: irlo a buscar y volverlo a casa aún después de muerto. Este fue el clímax de su desgracia.
Pero es Clemente Silva la persona quien también logra romper las ataduras, con su mente prodigiosa, y libre de las pesadillas posibilita que todo aquel horror de ese paraíso infernal traspase las fronteras, llevando un s.o.s para intentar rescatar a sus compañeros, pero a éstos la suerte ya no les acompaña. Y es en esta parte donde el autor utilizando la incertidumbre como elemento primordial de la narración deja abierto a la imaginación del lector el verdadero final de Arturo Cova, Alicia, Griselda, Fidel Franco y sus otros acompañantes.
En esta novela, el autor, a través de los narradores que intervienen en la construcción de la historia, con un realismo social, y con la intención de hacer una crítica a un sistema de cosas que acontecen en su país sin que autoridad alguna se de a la tarea de investigar y buscarle solución. Busca denunciar hechos brutales que se cometían contra la dignidad humana ante la “vista gorda” de funcionarios públicos tanto de Colombia, Brasil y Perú, como la comunidad internacional representada por las compañías extrajeras que, en concesión, explotaban tanto al hombre como a la selva misma para obtener grandes beneficios con la venta del “oro blanco”, como se le denominaba al caucho, que se manchaba con la sangre y sudor de los caucheros de los tres países.
REFERENCIA BIBLIOGRAFICA


1. La Vorágine, José Eustasio Rivera, Edición Popular.
2. Horas de literatura colombiana, Javier Arango Ferrer, Instituto Colombiano de Cultura, 1978.
3. Enciclopedia de Escritores Colombianos, Educar Editores.

sábado, 16 de octubre de 2010

AMATORIO I

¿Dónde está la métrica,
Dónde está el sonido…
Y dónde están las voces
Diminutas flores de mil pasos
O cactus con sabor herido?

Si el silencio es una constante,
Una enredadera de largos sortilegios
Y tú y yo, un par de aves
Que se han quedado sin su nido…
¿Dónde están tus sueños
Y los míos?

Me siento perdido en tus cabellos
Y abro mis labios y mis ojos
Cual mariposa inédita en su vuelo…
Y en cada rincón de ti
Vuelvo y me escondo
Como un topo orgulloso
De haber abierto
Una cicatriz
En el seno de la tierra.
Si siento…
Que el silencio es tan espeso
Rodando por mis manos
Y mis oídos,
¿Dónde están tus sueños y los míos?
No se si vuelan y vuelan
Y se enredan… y enredan
Entre el ansia de ayer
Y la nostalgia
Dejada por el fuego
Que se ha ido…

domingo, 22 de agosto de 2010

REFLEXION I

…Ya corren las sombras de la noche
Y un grito de dolor se eleva al cielo.
No existe canto que alivie este tormento
Ni risa que dulcifique el alma…
He vuelto abrir, por el calor, esta ventana
Y rueda la luna en medio del silencio,
Recojo de este abril una nostalgia
Y la guardo en el maletín de mis sueños.



…Espero que se añejen nuestras voces
que sean el vino que nos embriague a todos.
…Ya llegan cantando los gorriones
y las naves transitan soñolientas
sobre el fluvial lomo que nos refresca…
hundo mis píes hasta saciar mi sed
y vuelvo a revisar entre mis cosas
ese ruido que me viene desde adentro.



…Entonces navego entre las sombras
y me dejo perder sin rumbo fijo…
detengo entre mis manos una esperanza
y hago volar en múltiples pedazos
la cuerda que me ata a los recuerdos.
Ya corren las sombras de la noche
y un niño se aferra a mí como a su nido…
mas el odio es una constante en esta tierra.



…Y no es justo dejarme negar, por ella,
por esa maldita dama de la codicia,
que es la guerra. Primer eslabón del odio,
huella ineludible de las bestias sedientas
que hace de la violencia el único valor
capaz de agregarle a la bella existencia
dejando sin discurso razonable y serio
a la humildad hecha de carne y miseria.

lunes, 16 de agosto de 2010

Dolor e Impotencia…

A un gran amigo y poeta:
Manuel Alejandro Escobar C.
26 de noviembre del 2007.

Las sombras del ocaso hicieron su arribo
Vestidas de un negro y mísero ropaje,
Que tristes quedaron las hojas y el viento
Y nos fuimos llorando por el amigo ido…

Nos mirábamos de frente y atónitos
Era un fuerte y duro silencio, nadie,
En su incompleta sabiduría, sabía
Cómo se había detenido su corazón tan fuerte.

Contemplamos la serenidad de su rostro,
Entonces entendimos que la vida misma
Estaba más allá de la muerte…

Nos fuimos detrás del lóbrego cortejo
Y el canto abrió una ventana en el alma
Cual agujero repleto de angustia y de miedo.
II
…Sólo nos queda un sentir de fuego
Con manos atadas, dolor e impotencia.
Ya la parca anclaba, en el mar del cielo,
Su nave mortal desde nuestra orilla.

Ella, sólo nos niega saber de su ciencia
Y nos deja vagando en la ignominia de nuestra ignorancia,
Mas todos callamos frente a su presencia
Mientras que en los ojos llevamos…Clavada
La mortal daga de su indiferencia.

Pero, Manuel, amigo… ¡Esa, Jamás acabará
Con la inmortalidad de tus poemas…
Porque ellos tienen la fuerza de la sangre
Que con turbulencia corría por tus venas!

Dalit R. Escorcia Marchena.

SIDALIA (…O EL RECODO MAS OSCURO).

Ella llegó por el recodo más oscuro del camino. Y vino a este pueblo como todos llegamos, traída por los rumores del oro, el dinero fácil… y la ilusión de encontrar un hombre corpulento, bien parecido y que la hiciera gemir y temblar como lo hacia el difunto Genaro Palmos Alzote, según ella nos contaba, cada tarde, sentada en la tienda de Don Simón. Hasta que se le acabó el repertorio de actos sublimes y posiciones acrobáticas, que según ella, la dejaban llena de felicidad.
Ese día que murió Genaro Palmos Alzote, ella se dijo: “_No llores Sidalia Margarita Martínez…_”. Y suspirando, continuó: “_ya vendrán otros chupaflores que se saciarán con tu néctar…_” Y se puso a contemplar desde el balcón de su habitación cuanto hombre forastero llegaba al pueblo de paso a la capital. Hasta que se interrogó: “-¿Serás capaz, Sidalia Martínez, de dejarte morir así, cuando aún tienes fuerzas en las carnes para engendrar un buen vástago?”. Y se dio a la diligente tarea de empacar en su maleta, una a una, sus cosas y recoger parsimoniosamente sus pasos por el pueblo.
El día que llegó Sidalia Margarita a este pueblo, se armó una gran algarabía. Unos decían que venía de Fundación, Magdalena, y otros, entre esos yo, que venía de Corozal, Sucre. Lo cierto fue que nadie acertó. Ella venía de Tierra Alta, Córdoba. Tampoco acertamos sobre sus intenciones y dedicación. Unos decían que era comerciante y otros, entre ellos yo, que era de la vida alegre. Que triste mentira. La verdad fue otra… Ella era viuda, en busca de un marido que remplazara, en todo sentido, a su amado Genaro, hombre que había muerto en una riña en la gallera principal de su pueblo… No, su muerte no fue por gallos, según nos contaba ella misma, porque ese día ni siquiera habían programado riñas de gallos. Su muerte fue un accidente, una confusión, repetía ella hasta la saciedad.
Contaba, que él trabajaba en la gallera como vigilante y dos tipos se presentaron armados a buscar a su hermano gemelo y sin mediar palabras le propinaron tres tiros en la cabeza.
Desde la muerte de su marido, ella, juró largarse de ese pueblo e ir en busca de otros horizontes. Pero llegó aquí y ese fue su fin. Se enamoró de Andrés Alomar, un joven bien puesto, un gigoló, amable, menor que ella más de diez años, una gran diferencia. A él le gustaba la vida fácil, de rumba, y andar con las putas del camellón de los Arzuza. En ese tren de vida pasaron cinco años.
A Sidalia y Andrés, siempre se veían como dos tortolitos. Ella le creía todas las mentiras y le daba todo lo que él le pedía, y lo que a ella le gustaba verle lucir.
Pero un día, inexplicablemente, Andrés comenzó a sentirse cansado, enfermo, y sin ninguna clase de apetito. Ella se preocupó y lo llevó al médico del pueblo, quien lo examinó y le ordenó una serie de análisis. Pero él no mejoraba y los exámenes tampoco revelaban nada sobre su enfermedad. Fue enflaqueciendo, parecía un cadáver, cuando a ella se le vio salir con él para Barranquilla. Y a los quince días, ella regresó con la desagradable noticia que Andrés había muerto en un hospital de caridad de esa ciudad.
Sidalia Martínez, nunca dijo de la enfermedad por la que había muerto su hombre. Asumió la actitud de un profundo silencio y optó por encerrarse en su luto. Y una tarde, ya casi, entrada la noche, se le vio salir de su casa con la misma maleta de cuero marrón con que había llegado al pueblo. Y luego, perderse por el mismo recodo oscuro del camino por donde hacia mucho tiempo había llegado con su tragedia a cuesta.
Después de esos funestos acontecimientos, no hemos vuelto a saber de la vida de la viuda de Genaro Palmos y Andrés Alomar. Ayer llegó el hermano gemelo de su primer difunto, y se supo la verdadera historia de la muerte de su hermano. Y es muy triste. Y ya en el cementerio, desde aquellos días de Sidalia Martínez en este pueblo, hay más de doce cruces… Y en el fondo del rancho se escuchó la voz cansada y ronca del viejo Adriano: “-¿Quién sabe que peste nos trajo esa mujer, que hasta las burras se están muriendo…?”. Pedro Alomar, que lo escuchaba montado en su burro, dejó escapar un suspiro de tristeza… y echo andar el animal, camino a Barranquilla.

Autor: Dalit R. Escorcia Marchena.
Septiembre 7 del 2000.

sábado, 17 de julio de 2010

UN RENCUENTRO PÓETICO CON JULIO FLOREZ

En una de esas búsquedas, entre claros y oscuros, de la poesía colombiana, me encontré con una obra del cronista antioqueño, Hernán Restrepo Duque, editada por el Instituto Colombiano de Cultura, en 1972, titulada “La Gran Crónica de Julio Flórez”; en estos textos hallé un perfil profundamente humano del excelente vate chiquinquireño. Pero lo más sobresaliente de este trabajo literario es el estilo diáfano y sencillo utilizado para realizar una imagen mítica del poeta, en lo personal, pero ante todo su parte artística, desde sus influencias, por la misma admiración a Víctor Hugo, y su contemporaneidad con, el gran bardo nicaragüense, Rubén Darío. Es decir, que estuvo en el punto exacto del tiempo para tomar de las fuentes sagradas del romanticismo y degustar de algunas viandas del modernismo.
Lo cierto es que del bardo de “Gotas de Ajenjo”, “Cardos y Lirios”, “Manojos de Zarzas y Cestas de Abrojos”, entre otras de sus tantas obras, se ha dicho y escrito muchas cosas, desde aquel evento donde dejo de asistir para evitar, por un lado, la censura del gobierno de turno y por el otro, el desagradar a sus amigos y copartidarios políticos.
De esta forma se nos revela un Julio Flórez comprometido con un país, que igual al de hoy, se desangraba por una guerra sin sentido, la de los mil días.
Sin embargo, y a pesar, de su afiliación política, más por respeto a su forma de llegar a las masas populares a través de su musa, se le brindó muchos reconocimientos, entre ellos una corona de laurel, un 14 de enero de 1922, en Usiacurí, Atlántico. Todo esto como una forma de resarcir injusta actitud de vetar su poesía al encontrar en ella un tácito reclamo a aquellos literatos que utilizaban, y aún utilizan, su dote artística para adular a los poderosos. Una muestra de su actitud frente a estas manifestaciones son los versos del poema, que dice:

¡OH POETAS!
Nosotros, los cansados
De la vida, los pálidos, los tristes,
Los que vamos sin rumbo en el mar hondo
De la duda, entre escollos y entre sirtes;

Nosotros, los que vamos
Sin saber nuestro fin ni nuestro origen,
Con los ojos clavados en la eterna
Sombra, en busca de un astro que nos guíe.

Ya que no nos es dable
Ver la virtud preponderante y libre,
Pero sí el llanto y la miseria abajo
Y en la eminencia el deshonor y el crimen;

Ya que el talento es sombra
y luz el oro con el cual consiguen
Los perversos las honras, las conciencias,
Y hasta el azul donde el Señor sonríe,



Dejemos las endechas
Empalagosas, vanas y sutiles:
No más flores, ni pájaros, ni estrellas...
Es necesario que la estrofa grite!

Quejémonos, hagamos,
Si queremos ser grandes y ser libres,
Un ramal de las cuerdas de la lira
Para azotar con él a los serviles!

No sólo hallamos aquí la perfección del verso, sino la agudeza del sentimiento poético frente a la tiranía y a la injusticia para decir sin mordazas ni tapujos todo lo que le hiere al alma... y que no es sólo el amor incomprendido, sino la dura realidad de los desnudos y descalzos, que sufren, y necesitados marchan por las calles en busca de un redentor que les guíe hasta encontrar la gloria o el consuelo en el canto quejumbroso de una lira... instrumento que reconcilia la voz del poeta con los sueños de la inmortalidad... junto a los dioses del Olimpo.
Es Julio Flórez, un clásico exponente de la poesía colombiana de finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX, que muy a pesar de su popularidad, a causa de su comercialización musical de muchos de sus versos, en bambucos, pasillos, boleros y guabinas, entre otros aires musicales del interior de nuestro país, no se le ha dado la dimensión exacta que su arte se merece, tal vez porque entre los círculos de intelectuales del interior de Colombia se mantiene el influjo y encanto de figuras de la talla de José Asunción Silva y Porfirio Barba Jacob, entre otros. Sin desmeritar la poesía de estos bardos porque sería iluso, hay que reconocer que la crítica, a nivel nacional e internacional, con ellos ha sido más noble, le perdonaron tantas cosas... y al bardo chiquinquireño, nunca le perdonaron alcanzar la gloria que todo poeta ha deseado... según expresión del cronista antioqueño “estar sus versos en boca de la gente, como era el anhelo de los poetas españoles Manuel y Antonio Machado, con los suyos”.
La crítica literaria, un mal necesario, siempre ha sido un punto álgido de cualquier poeta, y más cuando este alcanza la talla del poeta Julio Flórez, por eso él con un soneto los sortea, les da el lugar preciso y exacto que su inspiración le inclina, leamos y escuchemos estas líneas:


A MIS CRÍTICOS

Si supiérais con qué piedad os miro
y cómo os compadezco en esta hora.
En medio de la paz de mi retiro
mi lira es más fecunda y más sonora.

Si con ello un pesar mayor os causo
y el dedo pongo en vuestra llaga viva,
sabed que nunca me importó el aplauso
ni nunca me ha importado la diatriba.

¿A qué dar tanto pábulo a la pena
que os produce una lírica victoria?
Ya la posteridad, grave y serena,

al separar el oro de la escoria
dirá cuando termine la faena,
quien mereció el olvido y quien la gloria.

Es excelso este soneto. Siguiendo una métrica ortodoxa, nos entrega el poeta un ramo de catorce versos con el cual golpea, con la sutileza de la palabra poética a sus críticos, haciendo alarde de una musicalidad inalienable, lo cual lo hace un poeta para la eternidad… No es tan fácil llegar a ese sitial, sólo los elegidos del parnaso lo logran. Que Dios tenga en su gloria a nuestro ilustre poeta. Yo, en esta fecha, y en forma modesta, les entrego el siguiente soneto para exaltar su nombre e inconfundible virtud de poeta:




SONETO A JULIO FLOREZ.

Un bardo con talento y voz serena
De intelecto sutil y muy fecundo,
Vino a decirnos en este mundo
Que se puede cantar por una pena.

Y de su lira brotaron muchos cantos
De amor, de dolor y de tristeza...
Le escribió versos a la noche, a la pobreza
E hizo, a muchos, contemplar su llanto...

Y brotaron de su boca con delirio
Racimos de frutas embriagantes...
De las flores derramó muchos capullos

Y del recién nacido fue arrullante.
¡Hoy resurge, entre nosotros elegante,
E inmortal, camina con orgullo!


Dalit R. Escorcia Marchena
Publicado en Suplemento Literario de La Libertad
Junio 10 del 2007

miércoles, 7 de julio de 2010

PROLOGO DEL LIBRO DE POEMAS: AMOR, ALMA Y POESÍA. Autor: Neido Gutiérrez García. /editorial Trópico-Barranquilla.

La poesía es la forma más divina de expresar los sentimientos. Y cuando éstos salen del alma logran construir un clamor universal que se llama solidaridad para la fraternidad humana; dentro de ese pacto de amistad que une a hombres y mujeres románticos sin distingo de razas, credos o escuelas, se desbordan como una rápida cascada las palabras dándole un verdadero significado a cada acto de la vida… sea de alegría, de dolor o de tristeza. En ese constante dilema, sobre la existencia, siempre se ha alzado la voz del poeta, para romper las fuertes cadenas que nos atan a una vida sin esperanza. De esta forma, encontramos que en Neido Gutiérrez, sus tristezas, alcanzan a darle fuerza a sus reclamos sin importarle que su voz se pierda en la indiferencia, dejando una marca indeleble en la distancia, porque él ha sido capaz de construir con sus cantos un espacio abierto a los suspiros y cerrado a los llantos. Por eso exclama “Hasta cuando seguirás con tu farsa/ Mostrando fuerte el corazón/ Vibrando con pasión tu cuerpo/ Pero golpeando sin cesar tu alma.” Pero esas tristezas en el fondo son un trágico reclamo porque el poeta se siente cruzando un túnel que lo conduce a hacia un punto inexplicable donde la vida depende más de lo que deje de hacer la parca: “La muerte inefable e inminente me acompaña/Ronda toda la pradera/ Ronda todo mi existir”. Realmente, la voz del poeta no se deja escuchar como un reclamo sino una resignada queja contra el amor y el dolor que causa la soledad…
Y así, se vislumbra inmediatamente que esas marcas son huellas dejadas en la carne, en la voz y el lento andar de su cuerpo en la búsqueda de un trascender más allá de la tierra. Cuando él dice: “Arrugas y amarguras invaden mi cuerpo/Tristezas y sufrimientos embriagan y queman/ Soledades y sombras persiguen mi vida/Lo que ayer fue, hoy ni siquiera se asoma.”, nos está confirmando esa ansiedad por conocer lo irrevocable en esta condena, muy a pesar que se tenga fe sobre una nueva vida y se tenga la convicción de levitar al romper las ataduras que lo sostiene a este mundo de calamitosa existencia. Entonces, se dirige a ella resignado pero altivo para dejar en claro que aún la vida manda y que “Quizás mañana acompañe a tu llamado/ Tal vez hoy no sé, lo haría por ti/ Mi vida un sinsabor pregona/Mi cuerpo una tristeza muestra/ Que hasta tú ARES hoy me harías feliz.” Una felicidad evocadora de una verdadera resignación. No obstante, en “Ojos Cerrados Almas Abiertas” se evidencia un canto de consuelo que revitaliza la ilusión que el Poeta siente que va perdiendo sin saber por qué… y mueve sus alas, y de nuevo se levanta expresando estos versos de alto quilate “No mueras porque aún hay almas que sueñan/Y no dejes de ser suave como el canto que el poeta en un suspiro /involuntario da”, que repite como si quisiera enfatizar sobre su gran deseo de escapar de ese estado del alma que quiere llevarlo a la infelicidad.
Pero es a la soledad a la que más le teme, y es tanto su temor que lo lleva a la negación de su existencia y esto lo hace evidente en la cadencia de estos versos a la amada “Tu ausencia marca una triste soledad/Me desvanezco como la aurora al despuntar el sol/ Y de tanto estar solo no existo.” Y algo nos dice que las tristezas son una forma de catarsis para liberar al corazón de tanta angustia y producir con los deshechos de sus ansias un suspiro balsámico que haga reverdecer el cofín de la esperanza. Sin embargo, es el amor carnal, el que con sus artilugios logra consolar esos estados del alma… porque es la fuerza que reanima la energía y reactiva la sangre que circula en busca de oxigenar los cantos… y en ese instante brotan los más dicientes y hermoso versos “En La Cama”: “Manantial de amores en tu corazón encuentro/ Perfumes de rosas en cada suspiro inhalo/ Corazones ardientes en palpitares siento/Murmullos y susurros en melodías al oído escucho”. Se nota un cambio diametral en el estado de ánimo del poeta. Ya las tristezas van siendo superadas y dan paso a la exaltación del erotismo, “Caricias y abrazos muy tiernos inicias/ Tus manos recorren suavemente mi cuerpo/ Latidos constante mi corazón pregonan/ Vibra mi cuerpo de manera incesante”. Y continua con esa fuerza provocadora de los amantes “Siguen tus manos ahora muy fuertes/ Delineando mi cuerpo hasta el inalcanzable éxtasis”. Y en ese clímax, se da un desbordar de imágenes tentadoras de “Mares oníricos de sueños ardientes” que se refrescan para “Y una vez más…/En la noche, cuando cómplice y coqueta se muestra, /Manantiales de amores en tu corazón encuentro/Perfume de rosas…” La poesía erótica se mantiene latente con la fuerza y delicadeza de unos versos tejidos con las manos, brazos, piernas y besos, hasta hacer vibrar toda la carne y volverse una canción que despierta la ansiedad en el delicado calor de unas sábanas, en la cama, revueltas que dejan escapar un destello de luz y suspiros que marcan una distancia entre aquella tristeza y el perfume que gravita en alma, derramado en la tenue penumbra del cuarto… y se escapa su voz para decir colmado de alegría: “Te hago el amor como el más hermoso ritual, /Como si fuera la última canción del baile/Como el último día de mi existencia/Me tiendo en la cama y pienso si eres en realidad la mujer de mis sueños /O el hermoso poema que quise siempre escribir “.
Sinceramente, no es nada fácil ahondar en la poesía de Neido Gutiérrez porque su gran capacidad de transitar en el campo de la lirica deja al lector sin aliento, porque sus expresiones plásticas, con el uso de las palabras, al mismo instante, es capaz de abrir muchas vertientes y dejar correr turbulentamente desde sus ínclitas montañas de versos un torrente de voces e imágenes capaces de penetrar en los rincones más recónditos de los espíritus.
Con estos cantos, el poeta, busca mitigar los estados del alma y encontrar la comprensión de aquellos, que al igual que él, han cantado, soñado, llorado y sufrido… pero al leerlos sentirán que por fin no están solos.

“Ars longa, vita brevis” / Aforismo de Hipócrates.

…de tu perfecta desnudez
Mis manos se embriagan,
Corren sigilosas, serpenteantes,
Buscan el borde de tus profundidades.

Mis ojos se detienen en tus abismos
Y esa copa de piel, canta a la luna.
Y el rocío cristalino, moja tus pliegues,
Y mis ojos dentro destejen otro himno.

¡Canto de libertad y de esperanza!
Voces que nos llegan de las montañas,
Sueño andariego de un poeta…
Flor de cayena abierta y roja…
Muerte y dolor cuajan mis ojos
Sangre dispersa sobre el planeta.

…bajan mis manos hasta tu pubis,
Hierve mi sangre en tu silencio
Siento vibrar tu piel muy dentro…
Ansias de ti hasta mí suben

¡Canta cantor tus ilusiones!
Abre tus labios en pos de un verso
Llegan tus carnes como las mieles
Beso tu boca, sorbo tus besos…
¡Cuelga el pistilo, la flor se duerme…
Cierro mis ojos y el pensamiento!

martes, 29 de junio de 2010

¿QUIÉN O QUIENES?

¿Quién llena estos vacíos…
De voces taciturnas?
¿Quién gime ante mi tumba
Si estoy muerto de frío…?

Espero que noviembre traiga
Un canto de alegría, envuelto
En grato papel de regalo
Para que diciembre coseche navidades…

Un hermoso nido de guirnaldas
Colgado del dintel de la inmensa soledad.
¿Quién abrió sus ojos al olvido
Y sin requiebros se dejó mojar?

¿Y quién abrió su boca a las palabras
Y dejó cercar sus oídos en la distancia
Cuando las horas se iban diluyendo
Detrás de cada campanada?

¿Y quién detuvo estos versos en el aire
E hizo palomas y flores desde la oscuridad
De la distancia y entre pecados escribió
Un verso a las tristes añoranzas?

Se fueron entonces los hidalgos
Y nos quedaron los gamines en las calles…
Un pobre perro se rasca su sarna
Y una pequeña hace de su cuerpo un infierno.

Es la lluvia de palabras que en gotas
Resbala desde el alar de las almas…
¿Y quién pena, y quién llora?
Y no responde sino la sangre de la aurora.

Otra ola de calor se desliza y decanta
Cuando busco el fresco sabor de tus palabras.
Pero esta tarde se muere la luz en tu distancia
Y vaporosa sube una canción hasta mi alma…

lunes, 14 de junio de 2010

Vuelven y Suenan Timbres.*

Vuelta la hoja en la mañana:
El sol entra por la ventana
Y el canto de un ave
Se cuelga de los árboles

Esa es la voz del caminante
La misma canción
Hecha palabras sueltas
Y un silbido
Cruza la calle…

Otro andariego va por los caminos.
Quién creyera de las horas de la noche,
El ultimo campanazo
Hace despertar al centinela
Y un perro ladra en la otra esquina…

Quién creyera de las horas de la vida
El último latido
Hace despertar el nervio más dormido
Y un profundo silencio
Se rompe en mil pedazos
Cuando se escuchan
Quejidos de agonía
Y risas escondidas
Al otro lado de la calle.

Ya la muerte es una…
Y suma, resta, divide y multiplica.
De lapidas se llenan nuestras vidas
Y nada detiene esta desdicha.

¡La vida es flor de un día,
La muerte…
Una eterna y diáfana sombra
Que nos envuelve!



*Homenaje a un excelente poeta Colombiano.

jueves, 3 de junio de 2010

LA IRONÍA DE UN SUICIDA.

Se dejó caer en la cama. Miró los detalles del cielo raso, los recorrió con la mirada, y se detuvo en el punto más central, como si allí existiera algo más allá de esas láminas blancas. Estuvo en esa actitud por espacio de quince minutos, como si nada le importara. En su rostro se reflejaba una placidez que en el fondo no era cierta. Supo esa mañana que la vida significaba la intensidad con que se vivía y no el comer, pensar, soñar, vestir, porque era allí donde cada quién se diferenciaba de los demás.
Soltó la colilla de cigarrillo y escupió contra la pared sin importarle donde iba a dar el escupitajo; siempre le sucedía lo mismo. Cada fin de año era para él una época de vanos recuerdos. Solitario, en un cuartucho de mala muerte, le tocaba esperar los pitos, acompañado de una botella de aguardiente y dos papeletas de bazuco. Nunca comprendió su situación. Todos los años, desde que cumplió los veintiuno, se encerraba en su cuarto a meditar sobre su futuro. Algunas veces pensó en el suicidio, pero jamás tuvo el valor de llevar acabo esa empresa. Cuando estaba en el punto más crítico de su reacción se acobardaba y volvía muy campante a la realidad. Al día siguiente, simplemente le quedaba un amargo sabor en la boca y una fuerte jaqueca.
Pero pensó que hoy sí sería su noche, no había tomado un trago, no había soplado nada; y simplemente, se había sentado en el parque en una actitud de indiferencia sin sentir el más mínimo deseo de volver a su patria. Había escapado de ella hacía ya más de quince años y cuando lo hizo juró no volver nunca jamás. Además, aunque lo hubiera deseado no lo podía hacer; allí lo estaban esperando para cobrarle la traición que le había hecho al negro Rengifo, a quién vendió después de engañarlo con una falsa amistad de negociante de droga.
Pasaron por su mente esos días y esas noches… y él, se ocultó en las sombras.
Ahora gira la cabeza hacía la esquina y baja la mirada hasta la luna del espejo que colgaba en la pared. Detrás de ese espejo escondía la vida y la muerte, él era conciente de eso, y presentía el acercarse cada vez más la hora señalada, más no sentía angustia sino una sensación fuerte de experimentar algo nuevo.
Se levantó lentamente, se acercó al espejo y tomó entre sus manos el revólver, lo observó con sumo cuidado, lo llevó hacia la cama. Nada le decía lo contrario de lo que había pensado, sin embargo, nada le aseguraba lo otro; era un juego, un ganar o perder, un vivir o un morir… Pero él estaba vivo… y quién le garantizaba todas esas maravillas, y si fracasaba… a dónde irían a tener todas esas ilusiones. Volvió y se acercó al espejo, colocó de nuevo en su parte de atrás el arma; era una pieza de museo, seis tiros, estaba brillante, nunca la había usado. Siempre la guardaba para él; tenía la certeza que algún día se tendría que decidir… y el valor no había llegado hoy, pero no estaría muy lejano ese día.
Se levantó pensando en eso, iba tan distraído que no se percató, al entrar al baño, que el jabón estaba en el suelo, lo pisó y cayó pesadamente. Allí lo encontró la dueña del cuartucho, cuando el seis de enero del año 1968, ya el vecindario no soportaba el hedor penetrante que salía a la calle, como una inequívoca señal él, para seguir mortificando a los vecinos y a los transeúntes, como aquel día que se desnudó y se puso a dar vueltas por la manzana, llevando una maleta y un sombrero de paja que le tapaba los genitales.
Nadie quería perderse ese momento, de verlo tendido a lo largo. Sólo yo me abstuve, por respeto a aquella vieja amistad con sus padres, de salir corriendo para mirar su rostro descompuesto, de “hippie”, sonriéndonos. Estaba plenamente seguro que así estaría por los siglos de los siglos. Su ironía era tal que nadie se lo soportaría aún después de muerto.

sábado, 29 de mayo de 2010

LAS MALDICIONES CREADAS/ (La Oración del Tabaco)

Le temblaron los labios. Escuchó, en el otro cuarto, la voz de la hermana recriminándola. Sintió que una bocanada de humo se le atragantaba en la garganta. Y mirando la punta incandescente del tabaco, le sentenció a María Iluminada: _ “En esta parte de la candela, observo que los tiempos malos aún no cesan para tu familia… pero auguro tiempos mejores por este lado…” Volvió a llevarse el tabaco a los labios y exclamó: “¡Observa! ¡Observa! ¡Lo ves, está clarito de este otro lado! Tu soltería pronto llegará a su fin…” Y de pronto, se escuchó nuevamente la voz de la hermana que le decía: _ “Engracia… no juegues con fuego…recuerda la historia de la bisabuela Encarna y la abuela Dioclesiana. No te pongas a provocar a lo que no conoces… Siempre me han dicho que en el hogar donde se realizan conjuros, viven salaos, la gente nunca sale de la pobreza… y siempre se está al borde de las desgracias…” Engracia levantó los hombros e hizo un mohíno con la boca y, con un gesto de fastidio, apagó el tabaco; lo guardó en un pequeño cofre que tenía sobre un nochero.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurges, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana: _ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.

lunes, 24 de mayo de 2010

PREMEDITACIONES

PREMEDITACION XIII.


…Quiero,
Atarme las manos que empuñan mi desgracia
Y con el corazón hacerme un nudo en la garganta.

…Quiero,
Escupir el vientre de la angustia,
Mirar la sangre correr por mis labios
Hasta sellar mi boca macilenta
Y escuchar los gritos que se adhieren a mis huesos,
Y no me dejan mover…

Quiero que se prohíban las torturas en esta celda.
Lo que ves, sientes y escuchas
Es otra de tus tantas pesadillas, prisionero…
Nada me hace temblar
Porque la guerra me lacera en lo mortal
Y me llena de dolor desde aquí hasta la muerte.


PREMEDITACIÓN XIV.

…A dónde irán mis pasos cuando yo me pierda
Y a qué lugar mis sombras cuando llegue mi ocaso.
Se de los mitos, ritos y leyendas, de la fe y la certeza
Del placer y el dolor, del amor y la envidia,
De la seda y la piedra… mas no hallo respuestas
Cuando escribo un poema
Porque siento que el viento borra con sañas mis preguntas.

…A dónde irán mis alas, cuando mi vuelo muera
Y detrás de qué silencios, mis voces irán…
Triste está mi tierra, llena de puñales
Y una creciente ahoga nuestro deseo de amar.
A dónde irán los cantos, a dónde irán, cuando yo me pierda,
Si todo es silencio… si todo es… vana obscuridad.





PREMEDITACION XV.

…no se puede perder lo obscuro de la noche
Ante un grito
Y esperar despacio otras sombras y silencios
Mientras cae leve la tormenta…
No se puede perder el canto y la sonrisa
De los labios de criaturas tan hermosas,
Mientras los hombres juegan, ríen y cantan
Al son y danza de la ineludible muerte,
Cual cazador cazado en sus tinieblas…
Cual fuego que ilumina un depósito de pólvora.


PREMEDITACION XVI.

Sentir la agonía, de una vida sin espera,
En la puerta gris de una ciudad, sin alas,
Es casi decir que he muerto y quiero
Volver a gritar con las manos atadas…
Sentir el latir de un presentimiento
Nos crea la ingrata nostalgia de la noche
Cuando apenas cae de ti una migaja
Y el pan se pierde con el moho del hambre
Del hombre que te espera con su daga.


PREMEDITACION XVII.

Volver a pintar el cielo, desde ese marco,
De vaguedad y olvido…
Es la ilusión más divina del humano
Que crece en las montañas y muere
Melancólico en las orillas de un mar
Qué triste llora la sal de su desidia…



PREMEDITACION XVIII.

Volver a pintar el cielo, desde la dimensión
Exacta del pintor que muere, ante la luz del sol
Y el omnipresente verde de las montañas,
Es construir un universo de constelaciones inexactas
Y un pluriverso de amores y nostalgias
Adornado con gardenias y flor de malva…

Volver a pintar el cielo, del hogar,
Desde el calor del abrazo de los seres que nos aman,
Es construir los sueños más sublimes…
Sin cerrar los ojos del padre ante la lluvia.


PREMEDITACION XIX.

…y volver a pintar el cielo ante la noche
Es dejarnos ir por mundos tutelares
Ensombreciendo el canto de los niños
Con el llanto de las madres solitarias
Y el rezo de los viejos -caminantes-
En la mitad del patio de la casa…
Recogiendo las flores y los grillos:
Conjugación… acción y versos
De olores y músicas de alas -a lo Silva-
Para volver a definir las noches
Como aquellas sutiles damas
Vestidas de profundo luto…
Que acompañan a sus amantes
Y a la muerte, tétrica mortaja,
Bajo la luz y los silencios
De los vientos y las lunas…
De la soledad y la nada.

domingo, 2 de mayo de 2010

LOS CUENTOS DEL “NEGRITO”

Todo empezó en una noche de locura. Él, un niño que sólo tenía una edad de trece o catorce años, salía por las calles del barrio a vender papas rellenas. Él tan sólo era un niño sano, pero después cogió otro camino, por donde lo llevaron a la perdición.
La gente del barrio decía que él era bueno. Por qué ese cambio tan repentino. Pues, todos comenzaron a murmurar. Y pasaron dos años casi completos, y ya el supuesto niño bueno, era un joven que le gustaba robar. Ya después lo conocían como “El Negrito”. Nadie se sabía responder cómo él había cambiado. Y murmuraban cuando lo veían pasar por las calles. Pero ellos no sabían por qué él había cambiado.
Hasta que un domingo, día cinco de diciembre del 2000, lo vieron andar con amistades que tenían malas influencias. La gente del barrio comenzó hablar de él. Al día siguiente, lunes festivo, él estaba en el puente con sus amistades metiendo “marihuana”, ya después era todos los días, por las noches. Se volvió un drogadicto.
Después, como al mes, la calle se sentía silenciosa, yo tenía un presentimiento cómo si algo le fuera a pasar a él. Pasaron como tres horas, cuando nos dieron la noticia de que por estar robando le habían disparado en el píe. Lo llevaron al Hospital de Barranquilla, allá lo atendieron de urgencia. Ya después, como a los siete días, le dieron de alta. Él se vino para su casa. Cuando ya habían pasado cinco días de reposo, “El Negrito” en ves de componerse se puso peor. Y como al mes, él comenzó de nuevo con las drogas.
Y un martes de carnaval, se robó un celular de cámara, y como iba de carrera porque había hurtado no le sacó el chip, lo identificaron, y a él lo estaba buscando la policía. Cómo dicen por ahí, “dio papaya” y lo pillaron los “tombos”. Se lo llevaron para la cárcel de La Ciudadela. Allá duró tres meses. Cuando vino, que ya lo habían soltado, llegó de nuevo por acá, por las calles del barrio; y la gente lo veía y lo reparaban, porque claro, vino grueso y se sentía
“quietecito”. Pero como a los siete u ocho días, otra vez se daño, se puso a “meter y a soplar” de nuevo.
Y ahora vende dulce con sus amistades por las calles del barrio. Claro que no se ha dejado de las drogas o el vicio.
Los hechos se habían realizado en el barrio. Pero aunque todavía lo buscan, no sólo a él, sino a sus amistades… pero a él más. Siempre se tiene que estar escondiendo de los “tombos”. Ahora, no sólo él es el malo, también el tipo de primo que tiene… es peor que él. Más de tres veces lo han metido preso… y muchas cosas le han pasado en la cárcel. Por creerse el más importante lo apuñalearon en el estomago, y de urgencia también lo llevaron, pero ahí mismo en la cárcel.
Ese primo del “Negrito” duró como aproximadamente siete u ocho años preso por un gran crimen. También andaba en el narcotráfico, de chofer, el era el que llevaba el cargamento. Pero un día lo “pilló” la “polí”, se lo llevaron de nuevo. Entonces, en el mismo lugar nuevamente trasladaron al “Negrito” por un robo.
Ya a ese “Negrito” no le importaba que lo vieran por las calles robando. La gente del barrio tenía que estar todo el tiempo con las rejas con candado, porque decían que era capaz de robar por otra parte, por aquí también iba a robar.
Ahora entre todos paran peleando. Un día dos de ellos estaban peleando un pedacito de “marihuana” que supuestamente costaba ese pedacito quinientos pesos. No sabían controlarse y uno casi lo apuñalea al otro en el brazo izquierdo. Ellos son como diez, su banda se llama “los carros locos”. Y pues, ahora andan todos casi unidos. Ya no se les ve tanto el “viaje” de robar… eso es lo que yo creo. El primo del “Negrito” se llama o le dicen “el armandito”.

Escrito por:
Brendis Barranco
Estudiante de 11º
I.E.D."Inmaculada Concepción"
Barranquilla-Colombia.

sábado, 17 de abril de 2010

EL NIÑO DE LOS ZAPATOS CON ALAS

Hoy en día es muy difícil de creer eso, pero Dani era un niño capaz de imaginarse muchas cosas, todo comenzó en su gran imaginación; El se preguntaba porque tantos inventos que había, y no habían inventado unos zapatos con alas.
Al día siguiente Dani iba rumbo al colegio vio unas plumas muy grandes él se asombró porque ni en la tele había visto un ave con algunas plumas así, él las recogió las metió en su bolso y se fue al colegio, toda la mañana paso muy preocupado por el contenido que llevaba en su bolso, ya era hora de ir a casa, A Dani se le vino a la mente su pregunta o su intriga ¿Por qué no habrán hecho unos zapatos con alas? . Bueno, Dani siguió caminando llegó a su casa fue a su recámara, sacó las plumas, no sabía que hacer con ellas.
De repente se escucho las voz de su madre que le decía: -Dani, que piensas hacer con esos zapatos todos rotos. Dani le dijo: - dámelos mamá, dámelos, que los necesito; ven por ellos hijo, Dani fue por ellos, subió a su recámara sacó las plumas y comenzó hacer un invento. Su “gran invento” fue hecho.
El se colocó su “invento” se quedó de pie y comenzó a imaginarse que estaba volando abrió sus ojos, y que creen, el niño estaba en el aire su madre quedó atónita al ver a su hijo en el aire. La madre salió corriendo de la recámara de su hijo, Dani dejó de pensar, corrió muy rápidamente donde su madre, y le dijo: -¡Pude volar, pude volar, invente los primeros zapatos con alas, mamá!-.


Autora: Saray Barrios Serna,
Estudiante del Grado 11º
Institución Educativa Distrital
“Inmaculada Concepción”
Barranquilla,abril del 2010.

lunes, 12 de abril de 2010

LAS MALDICIONES CREADAS/ (María Leyendo Las Cartas)

“Buscar tu realidad en el fondo de mis fantasías me ha costado tantos dolores de cabeza, que hoy, temo por este juego de palabras que me han conducido al fondo del fracaso… Sin embargo, siento que tu realidad me ha transportado por un doloroso camino, y suspiro y pienso que lo que yo soñaba, para ti, era simplemente una pérdida de tiempo. Entonces, me enredé; fui al precipicio, y en el fondo de ese abismo, hoy me encuentro…”
Ella escuchó mi voz. Abrió los ojos, se detuvo a mirarme. Sentí fastidio. Sus reclamos me sacaron de mis pensamientos, me trajeron a la realidad. Que lástima, ya me faltaba poco para cuadrar mi cuento, esa canción que estaba componiendo teniendo como apoyo la música de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Por eso pienso: “nada me ha sido fácil”. Tú te llevas, cada vez que puedes, esos felices momentos. Cierro nuevamente los ojos e intento olvidarme de tu voz, pero ella no me deja, se cuelga de mis oídos. Vuelvo y abro los ojos. Me da miedo. Siento que algo turbio me invade. Entonces opto por levantarme de la cama y dejarla sola, mascando su rabia, consumiendo mi espacio y mi tiempo, negando mi fantasía con su realidad. Me siento torpe, porque ella, con gritos, espera que yo regrese. Pero ya he tomado mi decisión. O la mato y me suicido, o me suicido y dejo que ella se consuma en su propio veneno.
La lluvia se me vino encima. Fue tan silenciosa que no la sentí llegar. Hay veces que me fastidian las gotas, pero esta vez no; me siento como cuando era niño, que corría por las calles llenas de charcos y me metía en cuanto chorro encontraba a mi paso. Los demás niños también hacían lo mismo. Hoy siento que las aguas de lluvia me fastidian, me dan fobia, y presiento que me puedo enfermar. Por eso decido ocultarme en cualquier alar. A veces llevo paraguas, pero en esta ocasión lo he olvidado. Hasta creo que fue buena idea, sino hubiera sido así, no sé qué me hubiera pasado.
Ella seguía sentada en la cama, aspiraba el humo de su cigarrillo, lo veía disolverse en las cuatro paredes de ese cuartucho de malas pulgas que, por sus consejos, él había tomado en arriendo la noche anterior…
Sé que no me ama. Nunca lo ha hecho, sólo me usa como un objeto de sus pasiones sexuales. Presiento que él es un miserable pero, en el fondo, siento que más miserable soy yo, que me he dejado llevar por su juego. Sé que algún día Emiro tomará la determinación correcta y yo estaré allí para ayudarle… Realmente, son largos años de espera, tiempo en que lo he visto hundirse en su mierda. Esa retórica banal de resentido contra todo el mundo. Ya nadie lo mira; pasa sobre él como si fuera un cero a la izquierda, eso es lo que más le disgusta, lo pone de mal genio. Ahora, me ha dejado esperándolo, mientras va al retrete y se descarga de todo ese peso físico que lleva en sus entrañas y el peso de su conciencia que lo agobia y no lo deja dormir. Tengo la certeza que algún día no saldrá del baño… y allí estaré yo para ser la primera en ver su espectáculo final: su última presentación en público. No sé qué tiempo real tendré que pasar a su lado antes que se cumpla mi presentimiento. Ahora sólo me queda esperar… y esperare.
Ahí debe estar sentada en el borde de la cama, como quien hace la maldita lectura del tarot. No puede quedarse sola un segundo, está tan metida en ese mundo de las cartas que ya se las sabe de memoria, y juega con ellas aunque éstas las esconda en el lugar más remoto, como en este instante. Me la imagino cuadrándolas, de tal forma, que su lectura será escatológica y su presentimiento se ajuste a mi realidad. Ya sé lo que me va a decir, si es que salgo de aquí… si es que esta maldita depresión no me conduce derechito al “batraciao” que guardo en mi bolsillo. ¿Cómo haré para entender a María? Siempre vive criticándome, pero cuando yo me deprimo, me consuela y corre a buscar el dinero para comprarme el vicio. Sé que ella quiere que yo me muera, por eso hace eso. Está tan segura de mi muerte, como yo lo estoy, de sus malvadas intenciones.
Lo he visto perderse. Sé que todo lo comienza y termina con un mal pensamiento. Ya estoy cansada de sus ataques de grandeza, de sus locuras. Pero no lo dejo porque no sé cómo va a reaccionar cuando se halle solo. Estoy segura que volverá a tomar las calles. Se hundirá cada vez más en sus heces, y entonces si será difícil volverlo a la realidad. Estoy plenamente segura que, Emiro, ya no es más de ahí. Cuando yo le leí las cartas por primera vez, le mostré un camino promisorio, podía llegar lejos con la nueva trova; en verdad no me creyó, pensó que eran vainas mías, que la gitana que me enseño me había estafado. De pronto en ese momento tenía razón, pero con el tiempo yo aprendí, y de allá a acá, todo lo que le he dicho le ha salido cierto. Sin embargo, no me atrevo confesarle la verdad sobre lo que vi ayer en la última carta que le leí. En verdad me duele… pero le mentí; y le mentí porque sé que no resistiría la verdad de esa carta. Si fuera yo, también me pasaría lo mismo, desearía haberme equivocado. Pero esa carta no falla. Sólo estoy esperando ese momento, tal vez su impotencia viril y esta llovizna, en pleno mes de mayo, sean la señal. Pero no puedo asegurar nada porque él con su miedo me ha escondido las cartas.
Él, en cuclillas y lleno de resentimientos, se miraba entre las piernas; veía su órgano, flácido, colgar como un ser desfallecido. Lo tomó entre sus manos e intentó reanimarlo, pero no reaccionaba. Se llevó las manos a la cabeza… sintió que el mundo se le venía encima; maldijo el día que se había tropezado con María, y juró vengarse de ella, por todos los conjuros que le había hecho. Se puso de píe y le lanzó una mirada triste y nostálgica a su encogido pene.
Es María, con sus cartas, la única responsable de todas mis desgracias. Desde que ella aprendió ese arte, y dejó a un lado el canto, la vida se me volvió un ocho… yo siempre se lo dije: “ve, María, no sigas desafiando lo arcano, es mejor vivir la vida sin estar retando los misterios que nos guarda el futuro y lo tuyo, sinceramente, es la música… nos podemos llenar de plata, y eso lo sé yo sin utilizar esas porquerías de cartas”. Entonces, ella me daba media vuelta, se reía, y se iba cantando: “¡La vida nos da sorpresa, sorpresa nos da la vida! ¡Ay, Dios...! ¡Pedro Navaja, ladrón de esquina, al que a hierro mata a hierro termina!”. Mientras la veía perderse detrás de la cortina que dividía el cuartucho, y yo me quedaba sumido en el silencio, maquinando la forma de deshacerme de ese maldito maleficio. Y tomé la firme decisión de terminar con ella. Abrí la puerta y me lance a la calle, como un perro “picao” de mal de rabia.
María, se había quedado dormitada. No sintió el ruido de la puerta cuando Emiro salió hacía la calle. Soñó con él cuando apenas tenían semanas de haberse conocido. Lo vio con su sombrero cubano, vestido de guayabera blanca y pantalón de dril del mismo color; además, llevaba puesta unas abarcas trespuntá; en las manos llevaba una guitarra e interpretaba una canción de Piero, aquella que decía “algo” sobre los estudiantes. Ella sentía la música, pero no distinguía muy bien su letra. Esa imagen, de él, nunca se le ha borrado de su mente, y eso que han trascurrido más de veinte años. “¡Lástima!”, exclamaba para sus adentros, “quién iba a pensar que al encontrarse conmigo, y yo aceptarlo como era, con sus vicios, iba ser peor la medicina que la enfermedad”. Se despertó sobresaltada y corrió hacia el baño presintiendo lo peor. Empujó la lámina de zinc que hacía las veces de puertas, y sus ojos se hallaron con un vacío; pero su corazón bajó su ritmo, y se fue tranquilizando lentamente.
Para donde habrá cogido ese perro; él cree que me va a chantajear. Y para colmo de males, me escondió las cartas. ¡Ya llegará el día ¡ ! Ya llegará el momento en que tenga que venir a pedirme que lo perdone! ¡Porque de hoy en adelante le cortaré todos los servicios! Ya lo verá llegar, como siempre, con una mano delante y otra atrás… y ahora es peor, porque ni el aparato le sirve a ese cabrón. Yo sé lo dije, que como lo usara con otra mujer, no le iba a servir sino para mear. Y no me hizo caso, el muy perro. ¡Lástima! Porque hasta buen mozo que era; pero idiota ponerse a creer en lo que dicen las cartas. Debe andar por ahí, deambulando, buscando quien le levante el conjuro. Pero ya es demasiado tarde. ¿Quién podía curarlo, sí ya se le murió?
Ella, María Andrade De Lázaro, descendió de su monólogo interior y se sentó, nuevamente, en el borde de su cama, con la esperanza de que él volviera… porque ya comenzaba a sentir nostalgia, por esas cartas, por él, su Emiro, su pájaro, y su ardoroso y solitario nido. Se miró en el espejo que colgaba frente a la cama, pero su rostro ya no era el mismo, los años lo habían ajado tanto que le dio vergüenza de sí y, cerrando sus ojos, se tiró nuevamente en la cama, pero ya no le quedaban fuerzas en su memoria para seguirlo recordando.

viernes, 9 de abril de 2010

HOMENAJE A BARRANQUILLA

A Barranquilla,
Mi pequeña naviera...


Ella se hizo sola, desde siempre,
Fue estrella del río y del mar
Fulgurante estela que navega
Bajo la luz celestial…


Nadie conquistó esta tierra
Ella se hizo conquistar…
Fue la tierra prometida
Que se ofreció como un manjar…


Barranquilla se hizo sola
Anclada a la rivera del río
Fondeada a la orilla del mar…
Fue pez, se hizo ave


Y comenzó a volar y volar…
Es gaviota que se aleja
Entre las sombras del tiempo
Y las caricias del mar…


Canta la pequeña niña
En la alameda tropical…
Una canción de hermosa cuna
Que al poeta hizo cantar.




CANCIÓN DE LUZ
I

Una ciudad, como la mía,
Es un sitial de humano cielo,
Un espacio de jolgorios y alegrías,
Una canción del mar:
¡Oh, Navegante de un río de soles y de sueños!

II
Esa diosa del Caribe, altiva, jovial y risueña,
Madre del folklor, reina de la cumbia.
Eres la canción de luz profunda,
Con el azul del mar, tú me acaricias
Y me abrazas con el frescor de tus delicias.

III
Enlazas, mi ser con tus dedos
De brisas y de lluvias…
Grata Dama, de señorial acento
Tu pulcritud, muchas veces, la mancillan,
Pero eres fuerza arrogante de lo honesto
¡Brote de luces! ¡Oh, Mi Barranquilla!

IV
¡Hoy quiero clamar por tu contento…
Sin importar que hurten
El cantar de tus verdes sinfonías,
Siempre serás mi luna y sol,
Mis alegrías
Mi anchuroso mar,
Mi dulce río,
Espejo sustancial donde me miro,
Tierna grácil… mi linda villa,
Broche del mar, ojal del río!




HOMENAJE A BARRANQUILLA

Buscas unir todas tus aguas
Anidar tus sueños y los ajenos
Recorriendo con tus brisas los recuerdos
Remos, de la nave gris, de tu existencia
Alas que te permiten alzar el vuelo…
No te dejes detener por esta angustia
Quieres permanecer en el ascenso
Unida a una patria que te busca
Intensamente para salir a flote
Luego que te ha dejado sola
Lanzándote al olvido de la historia
Ahogándote en sus afanes centralistas.


Mar y rio, te rodean desde siempre,
Introducen en ti bella hidalguía…


Pero eres madre de loca algarabía
Amor de todo aquél que a ti se arrima
Templo del Mar Caribe-gran Océano,
Reina que te miras en el sol y la luna
Imponente dama de vestido azul y verde
Abres tus brazos a todos los turistas.


Como te quiero mi linda villa,
Haces de todo caminante un visitante
Invitándolo a que nunca te olvide
Cantar el hermoso Himno, de
Amira, nuestra Rosa, desde tus orillas.



Dalit R. Escorcia M.
21 de marzo del 2010.

viernes, 2 de abril de 2010

CONFORMIDAD Y OLVIDO

...me basta una sonrisa
Si ese dolor me va por dentro
...una sola mirada, me basta,
Si tus ojos me embriagan
Y tus besos hacen de estos versos
Un ramillete de flores con aromas.

...me basta el sonido de tu boca
Como una señal que abre los caminos
Para seguir tus pasos
Desde el recuadro de mi puerta...
Una sola lagrima, me basta,
Para sentir que la lluvia continua...

Y yo voy presurosamente
Hacia el otoño de mis huesos
Y mis carnes...

Me basta una despedida tuya...
De esas que se quedan dibujadas
En tus manos y mis ojos,
Mientras un ocaso
Hace del sol un negro manto...
Y de mis labios un martirio.

Cuál será la vastedad del olvido...
Si los dos somos un par de gritos
Suspendidos en la mitad de un abismo.
Cuál será la pena mortal que, tú y yo,
Estamos pagando por este pecado...
Si yo soy tan inocente como tú.

...pero la risa se pierde entre la brisa
Y sólo llega un poco de dolor
En medio de la hoguera que me envuelve
Y me hace sufrir por tu calor...
Y se siente el frío de tu amor.



HOLOCAUSTO II

...si en el cielo
Se adormece la noche,
Es insustancial la primavera.

...si en mi patria
De la tierra brota sangre
Es inminente un holocausto.

...si todos sentimos
En carne propia la injusticia
Algo está por construirse
En medio de un desierto...

Pero hace falta...
Que la arena sienta,
El viento cante
Y el sol sea el clima de la vida...

Si nada de aquello germina,
El libro de San Juán, será
Un juego de fuegos artificiales
Frente a la furia
De la humanidad entera...

Y después nacerán
Miles de primaveras
Sin el homo Sapien
Que marchite las rosas...
Y vendrán nuevas generaciones
Que aspiren sus perfumes…
Pero jamás la tierra
Será ese nido de nobleza
Y la raza humana
No tendrá memoria…
Sólo las mujeres conservaran
Sus hilos… Y colgaran
En sus vientres las semillas.

miércoles, 31 de marzo de 2010


APOCALIPSIS HOY.
                   A Joseph Ratzinger,
                   Hoy Benedicto XVI.

I
...si en el cielo
Se adormece la noche
Es insustancial la primavera
...si en mi patria
De su tierra brota sangre
Es inminente un holocausto
O una hecatombe.
...si todos sentimos
En carne propia la injusticia
Algo está por construirse
En medio de un desierto...
Pero hace falta que la arena
Sienta, el viento cante
Y el sol sea el clímax de la vida.

II
Si nada de aquello germina,
El libro de San Juan será
Un juego de fuegos artificiales
Frente a la furia
De la humanidad entera...
Y después nacerán
Miles de primaveras
Sin el hombre que mutile las rosas
Y la bella mujer
Que se adorne su cabeza...
Pero todo será...
Un comenzar  de nuevo
Desde la primera luz de las estrellas
Y la última gota de llanto
Hecha cristal en tus  pupilas.

III
Si en el cielo se adormece la noche
Ya nadie verá volver la primavera...
Y cada quien, en una lapida, verá
Escribir a Dios otro poema
Sentenciando mil siglos de olvido
Dejando perder el barro bajo las arenas.
Si en el alma se truncan los sueños...
Ya nadie leerá las sagradas escrituras
Y  los patriarcas serán otra leyenda
Escrita sobre un papel que se quema
En el fuego de la eternidad efímera.

Abril 19 del 2005.