Se dejó caer en la cama. Miró los detalles del cielo raso, los recorrió con la mirada, y se detuvo en el punto más central, como si allí existiera algo más allá de esas láminas blancas. Estuvo en esa actitud por espacio de quince minutos, como si nada le importara. En su rostro se reflejaba una placidez que en el fondo no era cierta. Supo esa mañana que la vida significaba la intensidad con que se vivía y no el comer, pensar, soñar, vestir, porque era allí donde cada quién se diferenciaba de los demás.
Soltó la colilla de cigarrillo y escupió contra la pared sin importarle donde iba a dar el escupitajo; siempre le sucedía lo mismo. Cada fin de año era para él una época de vanos recuerdos. Solitario, en un cuartucho de mala muerte, le tocaba esperar los pitos, acompañado de una botella de aguardiente y dos papeletas de bazuco. Nunca comprendió su situación. Todos los años, desde que cumplió los veintiuno, se encerraba en su cuarto a meditar sobre su futuro. Algunas veces pensó en el suicidio, pero jamás tuvo el valor de llevar acabo esa empresa. Cuando estaba en el punto más crítico de su reacción se acobardaba y volvía muy campante a la realidad. Al día siguiente, simplemente le quedaba un amargo sabor en la boca y una fuerte jaqueca.
Pero pensó que hoy sí sería su noche, no había tomado un trago, no había soplado nada; y simplemente, se había sentado en el parque en una actitud de indiferencia sin sentir el más mínimo deseo de volver a su patria. Había escapado de ella hacía ya más de quince años y cuando lo hizo juró no volver nunca jamás. Además, aunque lo hubiera deseado no lo podía hacer; allí lo estaban esperando para cobrarle la traición que le había hecho al negro Rengifo, a quién vendió después de engañarlo con una falsa amistad de negociante de droga.
Pasaron por su mente esos días y esas noches… y él, se ocultó en las sombras.
Ahora gira la cabeza hacía la esquina y baja la mirada hasta la luna del espejo que colgaba en la pared. Detrás de ese espejo escondía la vida y la muerte, él era conciente de eso, y presentía el acercarse cada vez más la hora señalada, más no sentía angustia sino una sensación fuerte de experimentar algo nuevo.
Se levantó lentamente, se acercó al espejo y tomó entre sus manos el revólver, lo observó con sumo cuidado, lo llevó hacia la cama. Nada le decía lo contrario de lo que había pensado, sin embargo, nada le aseguraba lo otro; era un juego, un ganar o perder, un vivir o un morir… Pero él estaba vivo… y quién le garantizaba todas esas maravillas, y si fracasaba… a dónde irían a tener todas esas ilusiones. Volvió y se acercó al espejo, colocó de nuevo en su parte de atrás el arma; era una pieza de museo, seis tiros, estaba brillante, nunca la había usado. Siempre la guardaba para él; tenía la certeza que algún día se tendría que decidir… y el valor no había llegado hoy, pero no estaría muy lejano ese día.
Se levantó pensando en eso, iba tan distraído que no se percató, al entrar al baño, que el jabón estaba en el suelo, lo pisó y cayó pesadamente. Allí lo encontró la dueña del cuartucho, cuando el seis de enero del año 1968, ya el vecindario no soportaba el hedor penetrante que salía a la calle, como una inequívoca señal él, para seguir mortificando a los vecinos y a los transeúntes, como aquel día que se desnudó y se puso a dar vueltas por la manzana, llevando una maleta y un sombrero de paja que le tapaba los genitales.
Nadie quería perderse ese momento, de verlo tendido a lo largo. Sólo yo me abstuve, por respeto a aquella vieja amistad con sus padres, de salir corriendo para mirar su rostro descompuesto, de “hippie”, sonriéndonos. Estaba plenamente seguro que así estaría por los siglos de los siglos. Su ironía era tal que nadie se lo soportaría aún después de muerto.
Este blog es un espacio creado para publicar las producciones literarias de Dalit R. Escorcia M., para que sus amigos y los que no lo son, pero deseen recrearse, se regalen un momento de su tiempo para depositar sus ojos y su mente sobre estas líneas que buscan abrir un camino hacia la libertad de una verdadera creación con amor y dolor. Autor.
CANTAR POR LA VIDA... NO IMPORTA SI ES POR TRISTEZAS Ó ALEGRÍAS
"Estos Cantos se harán en versos o en prosas; lo que importa de ellos es la forma de mover los sentimientos. Si éstos son de alegría: ¡Que Viva la Vida!... Y si son de tristezas ¿qué le vamos hacer? pero... ¡Que siga Viviendo la Vida!"
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jueves, 3 de junio de 2010
sábado, 29 de mayo de 2010
LAS MALDICIONES CREADAS/ (La Oración del Tabaco)
Le temblaron los labios. Escuchó, en el otro cuarto, la voz de la hermana recriminándola. Sintió que una bocanada de humo se le atragantaba en la garganta. Y mirando la punta incandescente del tabaco, le sentenció a María Iluminada: _ “En esta parte de la candela, observo que los tiempos malos aún no cesan para tu familia… pero auguro tiempos mejores por este lado…” Volvió a llevarse el tabaco a los labios y exclamó: “¡Observa! ¡Observa! ¡Lo ves, está clarito de este otro lado! Tu soltería pronto llegará a su fin…” Y de pronto, se escuchó nuevamente la voz de la hermana que le decía: _ “Engracia… no juegues con fuego…recuerda la historia de la bisabuela Encarna y la abuela Dioclesiana. No te pongas a provocar a lo que no conoces… Siempre me han dicho que en el hogar donde se realizan conjuros, viven salaos, la gente nunca sale de la pobreza… y siempre se está al borde de las desgracias…” Engracia levantó los hombros e hizo un mohíno con la boca y, con un gesto de fastidio, apagó el tabaco; lo guardó en un pequeño cofre que tenía sobre un nochero.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurges, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana: _ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurges, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana: _ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.
lunes, 24 de mayo de 2010
PREMEDITACIONES
PREMEDITACION XIII.
…Quiero,
Atarme las manos que empuñan mi desgracia
Y con el corazón hacerme un nudo en la garganta.
…Quiero,
Escupir el vientre de la angustia,
Mirar la sangre correr por mis labios
Hasta sellar mi boca macilenta
Y escuchar los gritos que se adhieren a mis huesos,
Y no me dejan mover…
Quiero que se prohíban las torturas en esta celda.
Lo que ves, sientes y escuchas
Es otra de tus tantas pesadillas, prisionero…
Nada me hace temblar
Porque la guerra me lacera en lo mortal
Y me llena de dolor desde aquí hasta la muerte.
PREMEDITACIÓN XIV.
…A dónde irán mis pasos cuando yo me pierda
Y a qué lugar mis sombras cuando llegue mi ocaso.
Se de los mitos, ritos y leyendas, de la fe y la certeza
Del placer y el dolor, del amor y la envidia,
De la seda y la piedra… mas no hallo respuestas
Cuando escribo un poema
Porque siento que el viento borra con sañas mis preguntas.
…A dónde irán mis alas, cuando mi vuelo muera
Y detrás de qué silencios, mis voces irán…
Triste está mi tierra, llena de puñales
Y una creciente ahoga nuestro deseo de amar.
A dónde irán los cantos, a dónde irán, cuando yo me pierda,
Si todo es silencio… si todo es… vana obscuridad.
PREMEDITACION XV.
…no se puede perder lo obscuro de la noche
Ante un grito
Y esperar despacio otras sombras y silencios
Mientras cae leve la tormenta…
No se puede perder el canto y la sonrisa
De los labios de criaturas tan hermosas,
Mientras los hombres juegan, ríen y cantan
Al son y danza de la ineludible muerte,
Cual cazador cazado en sus tinieblas…
Cual fuego que ilumina un depósito de pólvora.
PREMEDITACION XVI.
Sentir la agonía, de una vida sin espera,
En la puerta gris de una ciudad, sin alas,
Es casi decir que he muerto y quiero
Volver a gritar con las manos atadas…
Sentir el latir de un presentimiento
Nos crea la ingrata nostalgia de la noche
Cuando apenas cae de ti una migaja
Y el pan se pierde con el moho del hambre
Del hombre que te espera con su daga.
PREMEDITACION XVII.
Volver a pintar el cielo, desde ese marco,
De vaguedad y olvido…
Es la ilusión más divina del humano
Que crece en las montañas y muere
Melancólico en las orillas de un mar
Qué triste llora la sal de su desidia…
PREMEDITACION XVIII.
Volver a pintar el cielo, desde la dimensión
Exacta del pintor que muere, ante la luz del sol
Y el omnipresente verde de las montañas,
Es construir un universo de constelaciones inexactas
Y un pluriverso de amores y nostalgias
Adornado con gardenias y flor de malva…
Volver a pintar el cielo, del hogar,
Desde el calor del abrazo de los seres que nos aman,
Es construir los sueños más sublimes…
Sin cerrar los ojos del padre ante la lluvia.
PREMEDITACION XIX.
…y volver a pintar el cielo ante la noche
Es dejarnos ir por mundos tutelares
Ensombreciendo el canto de los niños
Con el llanto de las madres solitarias
Y el rezo de los viejos -caminantes-
En la mitad del patio de la casa…
Recogiendo las flores y los grillos:
Conjugación… acción y versos
De olores y músicas de alas -a lo Silva-
Para volver a definir las noches
Como aquellas sutiles damas
Vestidas de profundo luto…
Que acompañan a sus amantes
Y a la muerte, tétrica mortaja,
Bajo la luz y los silencios
De los vientos y las lunas…
De la soledad y la nada.
…Quiero,
Atarme las manos que empuñan mi desgracia
Y con el corazón hacerme un nudo en la garganta.
…Quiero,
Escupir el vientre de la angustia,
Mirar la sangre correr por mis labios
Hasta sellar mi boca macilenta
Y escuchar los gritos que se adhieren a mis huesos,
Y no me dejan mover…
Quiero que se prohíban las torturas en esta celda.
Lo que ves, sientes y escuchas
Es otra de tus tantas pesadillas, prisionero…
Nada me hace temblar
Porque la guerra me lacera en lo mortal
Y me llena de dolor desde aquí hasta la muerte.
PREMEDITACIÓN XIV.
…A dónde irán mis pasos cuando yo me pierda
Y a qué lugar mis sombras cuando llegue mi ocaso.
Se de los mitos, ritos y leyendas, de la fe y la certeza
Del placer y el dolor, del amor y la envidia,
De la seda y la piedra… mas no hallo respuestas
Cuando escribo un poema
Porque siento que el viento borra con sañas mis preguntas.
…A dónde irán mis alas, cuando mi vuelo muera
Y detrás de qué silencios, mis voces irán…
Triste está mi tierra, llena de puñales
Y una creciente ahoga nuestro deseo de amar.
A dónde irán los cantos, a dónde irán, cuando yo me pierda,
Si todo es silencio… si todo es… vana obscuridad.
PREMEDITACION XV.
…no se puede perder lo obscuro de la noche
Ante un grito
Y esperar despacio otras sombras y silencios
Mientras cae leve la tormenta…
No se puede perder el canto y la sonrisa
De los labios de criaturas tan hermosas,
Mientras los hombres juegan, ríen y cantan
Al son y danza de la ineludible muerte,
Cual cazador cazado en sus tinieblas…
Cual fuego que ilumina un depósito de pólvora.
PREMEDITACION XVI.
Sentir la agonía, de una vida sin espera,
En la puerta gris de una ciudad, sin alas,
Es casi decir que he muerto y quiero
Volver a gritar con las manos atadas…
Sentir el latir de un presentimiento
Nos crea la ingrata nostalgia de la noche
Cuando apenas cae de ti una migaja
Y el pan se pierde con el moho del hambre
Del hombre que te espera con su daga.
PREMEDITACION XVII.
Volver a pintar el cielo, desde ese marco,
De vaguedad y olvido…
Es la ilusión más divina del humano
Que crece en las montañas y muere
Melancólico en las orillas de un mar
Qué triste llora la sal de su desidia…
PREMEDITACION XVIII.
Volver a pintar el cielo, desde la dimensión
Exacta del pintor que muere, ante la luz del sol
Y el omnipresente verde de las montañas,
Es construir un universo de constelaciones inexactas
Y un pluriverso de amores y nostalgias
Adornado con gardenias y flor de malva…
Volver a pintar el cielo, del hogar,
Desde el calor del abrazo de los seres que nos aman,
Es construir los sueños más sublimes…
Sin cerrar los ojos del padre ante la lluvia.
PREMEDITACION XIX.
…y volver a pintar el cielo ante la noche
Es dejarnos ir por mundos tutelares
Ensombreciendo el canto de los niños
Con el llanto de las madres solitarias
Y el rezo de los viejos -caminantes-
En la mitad del patio de la casa…
Recogiendo las flores y los grillos:
Conjugación… acción y versos
De olores y músicas de alas -a lo Silva-
Para volver a definir las noches
Como aquellas sutiles damas
Vestidas de profundo luto…
Que acompañan a sus amantes
Y a la muerte, tétrica mortaja,
Bajo la luz y los silencios
De los vientos y las lunas…
De la soledad y la nada.
domingo, 2 de mayo de 2010
LOS CUENTOS DEL “NEGRITO”
Todo empezó en una noche de locura. Él, un niño que sólo tenía una edad de trece o catorce años, salía por las calles del barrio a vender papas rellenas. Él tan sólo era un niño sano, pero después cogió otro camino, por donde lo llevaron a la perdición.
La gente del barrio decía que él era bueno. Por qué ese cambio tan repentino. Pues, todos comenzaron a murmurar. Y pasaron dos años casi completos, y ya el supuesto niño bueno, era un joven que le gustaba robar. Ya después lo conocían como “El Negrito”. Nadie se sabía responder cómo él había cambiado. Y murmuraban cuando lo veían pasar por las calles. Pero ellos no sabían por qué él había cambiado.
Hasta que un domingo, día cinco de diciembre del 2000, lo vieron andar con amistades que tenían malas influencias. La gente del barrio comenzó hablar de él. Al día siguiente, lunes festivo, él estaba en el puente con sus amistades metiendo “marihuana”, ya después era todos los días, por las noches. Se volvió un drogadicto.
Después, como al mes, la calle se sentía silenciosa, yo tenía un presentimiento cómo si algo le fuera a pasar a él. Pasaron como tres horas, cuando nos dieron la noticia de que por estar robando le habían disparado en el píe. Lo llevaron al Hospital de Barranquilla, allá lo atendieron de urgencia. Ya después, como a los siete días, le dieron de alta. Él se vino para su casa. Cuando ya habían pasado cinco días de reposo, “El Negrito” en ves de componerse se puso peor. Y como al mes, él comenzó de nuevo con las drogas.
Y un martes de carnaval, se robó un celular de cámara, y como iba de carrera porque había hurtado no le sacó el chip, lo identificaron, y a él lo estaba buscando la policía. Cómo dicen por ahí, “dio papaya” y lo pillaron los “tombos”. Se lo llevaron para la cárcel de La Ciudadela. Allá duró tres meses. Cuando vino, que ya lo habían soltado, llegó de nuevo por acá, por las calles del barrio; y la gente lo veía y lo reparaban, porque claro, vino grueso y se sentía
“quietecito”. Pero como a los siete u ocho días, otra vez se daño, se puso a “meter y a soplar” de nuevo.
Y ahora vende dulce con sus amistades por las calles del barrio. Claro que no se ha dejado de las drogas o el vicio.
Los hechos se habían realizado en el barrio. Pero aunque todavía lo buscan, no sólo a él, sino a sus amistades… pero a él más. Siempre se tiene que estar escondiendo de los “tombos”. Ahora, no sólo él es el malo, también el tipo de primo que tiene… es peor que él. Más de tres veces lo han metido preso… y muchas cosas le han pasado en la cárcel. Por creerse el más importante lo apuñalearon en el estomago, y de urgencia también lo llevaron, pero ahí mismo en la cárcel.
Ese primo del “Negrito” duró como aproximadamente siete u ocho años preso por un gran crimen. También andaba en el narcotráfico, de chofer, el era el que llevaba el cargamento. Pero un día lo “pilló” la “polí”, se lo llevaron de nuevo. Entonces, en el mismo lugar nuevamente trasladaron al “Negrito” por un robo.
Ya a ese “Negrito” no le importaba que lo vieran por las calles robando. La gente del barrio tenía que estar todo el tiempo con las rejas con candado, porque decían que era capaz de robar por otra parte, por aquí también iba a robar.
Ahora entre todos paran peleando. Un día dos de ellos estaban peleando un pedacito de “marihuana” que supuestamente costaba ese pedacito quinientos pesos. No sabían controlarse y uno casi lo apuñalea al otro en el brazo izquierdo. Ellos son como diez, su banda se llama “los carros locos”. Y pues, ahora andan todos casi unidos. Ya no se les ve tanto el “viaje” de robar… eso es lo que yo creo. El primo del “Negrito” se llama o le dicen “el armandito”.
Escrito por:
Brendis Barranco
Estudiante de 11º
I.E.D."Inmaculada Concepción"
Barranquilla-Colombia.
La gente del barrio decía que él era bueno. Por qué ese cambio tan repentino. Pues, todos comenzaron a murmurar. Y pasaron dos años casi completos, y ya el supuesto niño bueno, era un joven que le gustaba robar. Ya después lo conocían como “El Negrito”. Nadie se sabía responder cómo él había cambiado. Y murmuraban cuando lo veían pasar por las calles. Pero ellos no sabían por qué él había cambiado.
Hasta que un domingo, día cinco de diciembre del 2000, lo vieron andar con amistades que tenían malas influencias. La gente del barrio comenzó hablar de él. Al día siguiente, lunes festivo, él estaba en el puente con sus amistades metiendo “marihuana”, ya después era todos los días, por las noches. Se volvió un drogadicto.
Después, como al mes, la calle se sentía silenciosa, yo tenía un presentimiento cómo si algo le fuera a pasar a él. Pasaron como tres horas, cuando nos dieron la noticia de que por estar robando le habían disparado en el píe. Lo llevaron al Hospital de Barranquilla, allá lo atendieron de urgencia. Ya después, como a los siete días, le dieron de alta. Él se vino para su casa. Cuando ya habían pasado cinco días de reposo, “El Negrito” en ves de componerse se puso peor. Y como al mes, él comenzó de nuevo con las drogas.
Y un martes de carnaval, se robó un celular de cámara, y como iba de carrera porque había hurtado no le sacó el chip, lo identificaron, y a él lo estaba buscando la policía. Cómo dicen por ahí, “dio papaya” y lo pillaron los “tombos”. Se lo llevaron para la cárcel de La Ciudadela. Allá duró tres meses. Cuando vino, que ya lo habían soltado, llegó de nuevo por acá, por las calles del barrio; y la gente lo veía y lo reparaban, porque claro, vino grueso y se sentía
“quietecito”. Pero como a los siete u ocho días, otra vez se daño, se puso a “meter y a soplar” de nuevo.
Y ahora vende dulce con sus amistades por las calles del barrio. Claro que no se ha dejado de las drogas o el vicio.
Los hechos se habían realizado en el barrio. Pero aunque todavía lo buscan, no sólo a él, sino a sus amistades… pero a él más. Siempre se tiene que estar escondiendo de los “tombos”. Ahora, no sólo él es el malo, también el tipo de primo que tiene… es peor que él. Más de tres veces lo han metido preso… y muchas cosas le han pasado en la cárcel. Por creerse el más importante lo apuñalearon en el estomago, y de urgencia también lo llevaron, pero ahí mismo en la cárcel.
Ese primo del “Negrito” duró como aproximadamente siete u ocho años preso por un gran crimen. También andaba en el narcotráfico, de chofer, el era el que llevaba el cargamento. Pero un día lo “pilló” la “polí”, se lo llevaron de nuevo. Entonces, en el mismo lugar nuevamente trasladaron al “Negrito” por un robo.
Ya a ese “Negrito” no le importaba que lo vieran por las calles robando. La gente del barrio tenía que estar todo el tiempo con las rejas con candado, porque decían que era capaz de robar por otra parte, por aquí también iba a robar.
Ahora entre todos paran peleando. Un día dos de ellos estaban peleando un pedacito de “marihuana” que supuestamente costaba ese pedacito quinientos pesos. No sabían controlarse y uno casi lo apuñalea al otro en el brazo izquierdo. Ellos son como diez, su banda se llama “los carros locos”. Y pues, ahora andan todos casi unidos. Ya no se les ve tanto el “viaje” de robar… eso es lo que yo creo. El primo del “Negrito” se llama o le dicen “el armandito”.
Escrito por:
Brendis Barranco
Estudiante de 11º
I.E.D."Inmaculada Concepción"
Barranquilla-Colombia.
sábado, 17 de abril de 2010
EL NIÑO DE LOS ZAPATOS CON ALAS
Hoy en día es muy difícil de creer eso, pero Dani era un niño capaz de imaginarse muchas cosas, todo comenzó en su gran imaginación; El se preguntaba porque tantos inventos que había, y no habían inventado unos zapatos con alas.
Al día siguiente Dani iba rumbo al colegio vio unas plumas muy grandes él se asombró porque ni en la tele había visto un ave con algunas plumas así, él las recogió las metió en su bolso y se fue al colegio, toda la mañana paso muy preocupado por el contenido que llevaba en su bolso, ya era hora de ir a casa, A Dani se le vino a la mente su pregunta o su intriga ¿Por qué no habrán hecho unos zapatos con alas? . Bueno, Dani siguió caminando llegó a su casa fue a su recámara, sacó las plumas, no sabía que hacer con ellas.
De repente se escucho las voz de su madre que le decía: -Dani, que piensas hacer con esos zapatos todos rotos. Dani le dijo: - dámelos mamá, dámelos, que los necesito; ven por ellos hijo, Dani fue por ellos, subió a su recámara sacó las plumas y comenzó hacer un invento. Su “gran invento” fue hecho.
El se colocó su “invento” se quedó de pie y comenzó a imaginarse que estaba volando abrió sus ojos, y que creen, el niño estaba en el aire su madre quedó atónita al ver a su hijo en el aire. La madre salió corriendo de la recámara de su hijo, Dani dejó de pensar, corrió muy rápidamente donde su madre, y le dijo: -¡Pude volar, pude volar, invente los primeros zapatos con alas, mamá!-.
Autora: Saray Barrios Serna,
Estudiante del Grado 11º
Institución Educativa Distrital
“Inmaculada Concepción”
Barranquilla,abril del 2010.
Al día siguiente Dani iba rumbo al colegio vio unas plumas muy grandes él se asombró porque ni en la tele había visto un ave con algunas plumas así, él las recogió las metió en su bolso y se fue al colegio, toda la mañana paso muy preocupado por el contenido que llevaba en su bolso, ya era hora de ir a casa, A Dani se le vino a la mente su pregunta o su intriga ¿Por qué no habrán hecho unos zapatos con alas? . Bueno, Dani siguió caminando llegó a su casa fue a su recámara, sacó las plumas, no sabía que hacer con ellas.
De repente se escucho las voz de su madre que le decía: -Dani, que piensas hacer con esos zapatos todos rotos. Dani le dijo: - dámelos mamá, dámelos, que los necesito; ven por ellos hijo, Dani fue por ellos, subió a su recámara sacó las plumas y comenzó hacer un invento. Su “gran invento” fue hecho.
El se colocó su “invento” se quedó de pie y comenzó a imaginarse que estaba volando abrió sus ojos, y que creen, el niño estaba en el aire su madre quedó atónita al ver a su hijo en el aire. La madre salió corriendo de la recámara de su hijo, Dani dejó de pensar, corrió muy rápidamente donde su madre, y le dijo: -¡Pude volar, pude volar, invente los primeros zapatos con alas, mamá!-.
Autora: Saray Barrios Serna,
Estudiante del Grado 11º
Institución Educativa Distrital
“Inmaculada Concepción”
Barranquilla,abril del 2010.
lunes, 12 de abril de 2010
LAS MALDICIONES CREADAS/ (María Leyendo Las Cartas)
“Buscar tu realidad en el fondo de mis fantasías me ha costado tantos dolores de cabeza, que hoy, temo por este juego de palabras que me han conducido al fondo del fracaso… Sin embargo, siento que tu realidad me ha transportado por un doloroso camino, y suspiro y pienso que lo que yo soñaba, para ti, era simplemente una pérdida de tiempo. Entonces, me enredé; fui al precipicio, y en el fondo de ese abismo, hoy me encuentro…”
Ella escuchó mi voz. Abrió los ojos, se detuvo a mirarme. Sentí fastidio. Sus reclamos me sacaron de mis pensamientos, me trajeron a la realidad. Que lástima, ya me faltaba poco para cuadrar mi cuento, esa canción que estaba componiendo teniendo como apoyo la música de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Por eso pienso: “nada me ha sido fácil”. Tú te llevas, cada vez que puedes, esos felices momentos. Cierro nuevamente los ojos e intento olvidarme de tu voz, pero ella no me deja, se cuelga de mis oídos. Vuelvo y abro los ojos. Me da miedo. Siento que algo turbio me invade. Entonces opto por levantarme de la cama y dejarla sola, mascando su rabia, consumiendo mi espacio y mi tiempo, negando mi fantasía con su realidad. Me siento torpe, porque ella, con gritos, espera que yo regrese. Pero ya he tomado mi decisión. O la mato y me suicido, o me suicido y dejo que ella se consuma en su propio veneno.
La lluvia se me vino encima. Fue tan silenciosa que no la sentí llegar. Hay veces que me fastidian las gotas, pero esta vez no; me siento como cuando era niño, que corría por las calles llenas de charcos y me metía en cuanto chorro encontraba a mi paso. Los demás niños también hacían lo mismo. Hoy siento que las aguas de lluvia me fastidian, me dan fobia, y presiento que me puedo enfermar. Por eso decido ocultarme en cualquier alar. A veces llevo paraguas, pero en esta ocasión lo he olvidado. Hasta creo que fue buena idea, sino hubiera sido así, no sé qué me hubiera pasado.
Ella seguía sentada en la cama, aspiraba el humo de su cigarrillo, lo veía disolverse en las cuatro paredes de ese cuartucho de malas pulgas que, por sus consejos, él había tomado en arriendo la noche anterior…
Sé que no me ama. Nunca lo ha hecho, sólo me usa como un objeto de sus pasiones sexuales. Presiento que él es un miserable pero, en el fondo, siento que más miserable soy yo, que me he dejado llevar por su juego. Sé que algún día Emiro tomará la determinación correcta y yo estaré allí para ayudarle… Realmente, son largos años de espera, tiempo en que lo he visto hundirse en su mierda. Esa retórica banal de resentido contra todo el mundo. Ya nadie lo mira; pasa sobre él como si fuera un cero a la izquierda, eso es lo que más le disgusta, lo pone de mal genio. Ahora, me ha dejado esperándolo, mientras va al retrete y se descarga de todo ese peso físico que lleva en sus entrañas y el peso de su conciencia que lo agobia y no lo deja dormir. Tengo la certeza que algún día no saldrá del baño… y allí estaré yo para ser la primera en ver su espectáculo final: su última presentación en público. No sé qué tiempo real tendré que pasar a su lado antes que se cumpla mi presentimiento. Ahora sólo me queda esperar… y esperare.
Ahí debe estar sentada en el borde de la cama, como quien hace la maldita lectura del tarot. No puede quedarse sola un segundo, está tan metida en ese mundo de las cartas que ya se las sabe de memoria, y juega con ellas aunque éstas las esconda en el lugar más remoto, como en este instante. Me la imagino cuadrándolas, de tal forma, que su lectura será escatológica y su presentimiento se ajuste a mi realidad. Ya sé lo que me va a decir, si es que salgo de aquí… si es que esta maldita depresión no me conduce derechito al “batraciao” que guardo en mi bolsillo. ¿Cómo haré para entender a María? Siempre vive criticándome, pero cuando yo me deprimo, me consuela y corre a buscar el dinero para comprarme el vicio. Sé que ella quiere que yo me muera, por eso hace eso. Está tan segura de mi muerte, como yo lo estoy, de sus malvadas intenciones.
Lo he visto perderse. Sé que todo lo comienza y termina con un mal pensamiento. Ya estoy cansada de sus ataques de grandeza, de sus locuras. Pero no lo dejo porque no sé cómo va a reaccionar cuando se halle solo. Estoy segura que volverá a tomar las calles. Se hundirá cada vez más en sus heces, y entonces si será difícil volverlo a la realidad. Estoy plenamente segura que, Emiro, ya no es más de ahí. Cuando yo le leí las cartas por primera vez, le mostré un camino promisorio, podía llegar lejos con la nueva trova; en verdad no me creyó, pensó que eran vainas mías, que la gitana que me enseño me había estafado. De pronto en ese momento tenía razón, pero con el tiempo yo aprendí, y de allá a acá, todo lo que le he dicho le ha salido cierto. Sin embargo, no me atrevo confesarle la verdad sobre lo que vi ayer en la última carta que le leí. En verdad me duele… pero le mentí; y le mentí porque sé que no resistiría la verdad de esa carta. Si fuera yo, también me pasaría lo mismo, desearía haberme equivocado. Pero esa carta no falla. Sólo estoy esperando ese momento, tal vez su impotencia viril y esta llovizna, en pleno mes de mayo, sean la señal. Pero no puedo asegurar nada porque él con su miedo me ha escondido las cartas.
Él, en cuclillas y lleno de resentimientos, se miraba entre las piernas; veía su órgano, flácido, colgar como un ser desfallecido. Lo tomó entre sus manos e intentó reanimarlo, pero no reaccionaba. Se llevó las manos a la cabeza… sintió que el mundo se le venía encima; maldijo el día que se había tropezado con María, y juró vengarse de ella, por todos los conjuros que le había hecho. Se puso de píe y le lanzó una mirada triste y nostálgica a su encogido pene.
Es María, con sus cartas, la única responsable de todas mis desgracias. Desde que ella aprendió ese arte, y dejó a un lado el canto, la vida se me volvió un ocho… yo siempre se lo dije: “ve, María, no sigas desafiando lo arcano, es mejor vivir la vida sin estar retando los misterios que nos guarda el futuro y lo tuyo, sinceramente, es la música… nos podemos llenar de plata, y eso lo sé yo sin utilizar esas porquerías de cartas”. Entonces, ella me daba media vuelta, se reía, y se iba cantando: “¡La vida nos da sorpresa, sorpresa nos da la vida! ¡Ay, Dios...! ¡Pedro Navaja, ladrón de esquina, al que a hierro mata a hierro termina!”. Mientras la veía perderse detrás de la cortina que dividía el cuartucho, y yo me quedaba sumido en el silencio, maquinando la forma de deshacerme de ese maldito maleficio. Y tomé la firme decisión de terminar con ella. Abrí la puerta y me lance a la calle, como un perro “picao” de mal de rabia.
María, se había quedado dormitada. No sintió el ruido de la puerta cuando Emiro salió hacía la calle. Soñó con él cuando apenas tenían semanas de haberse conocido. Lo vio con su sombrero cubano, vestido de guayabera blanca y pantalón de dril del mismo color; además, llevaba puesta unas abarcas trespuntá; en las manos llevaba una guitarra e interpretaba una canción de Piero, aquella que decía “algo” sobre los estudiantes. Ella sentía la música, pero no distinguía muy bien su letra. Esa imagen, de él, nunca se le ha borrado de su mente, y eso que han trascurrido más de veinte años. “¡Lástima!”, exclamaba para sus adentros, “quién iba a pensar que al encontrarse conmigo, y yo aceptarlo como era, con sus vicios, iba ser peor la medicina que la enfermedad”. Se despertó sobresaltada y corrió hacia el baño presintiendo lo peor. Empujó la lámina de zinc que hacía las veces de puertas, y sus ojos se hallaron con un vacío; pero su corazón bajó su ritmo, y se fue tranquilizando lentamente.
Para donde habrá cogido ese perro; él cree que me va a chantajear. Y para colmo de males, me escondió las cartas. ¡Ya llegará el día ¡ ! Ya llegará el momento en que tenga que venir a pedirme que lo perdone! ¡Porque de hoy en adelante le cortaré todos los servicios! Ya lo verá llegar, como siempre, con una mano delante y otra atrás… y ahora es peor, porque ni el aparato le sirve a ese cabrón. Yo sé lo dije, que como lo usara con otra mujer, no le iba a servir sino para mear. Y no me hizo caso, el muy perro. ¡Lástima! Porque hasta buen mozo que era; pero idiota ponerse a creer en lo que dicen las cartas. Debe andar por ahí, deambulando, buscando quien le levante el conjuro. Pero ya es demasiado tarde. ¿Quién podía curarlo, sí ya se le murió?
Ella, María Andrade De Lázaro, descendió de su monólogo interior y se sentó, nuevamente, en el borde de su cama, con la esperanza de que él volviera… porque ya comenzaba a sentir nostalgia, por esas cartas, por él, su Emiro, su pájaro, y su ardoroso y solitario nido. Se miró en el espejo que colgaba frente a la cama, pero su rostro ya no era el mismo, los años lo habían ajado tanto que le dio vergüenza de sí y, cerrando sus ojos, se tiró nuevamente en la cama, pero ya no le quedaban fuerzas en su memoria para seguirlo recordando.
Ella escuchó mi voz. Abrió los ojos, se detuvo a mirarme. Sentí fastidio. Sus reclamos me sacaron de mis pensamientos, me trajeron a la realidad. Que lástima, ya me faltaba poco para cuadrar mi cuento, esa canción que estaba componiendo teniendo como apoyo la música de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Por eso pienso: “nada me ha sido fácil”. Tú te llevas, cada vez que puedes, esos felices momentos. Cierro nuevamente los ojos e intento olvidarme de tu voz, pero ella no me deja, se cuelga de mis oídos. Vuelvo y abro los ojos. Me da miedo. Siento que algo turbio me invade. Entonces opto por levantarme de la cama y dejarla sola, mascando su rabia, consumiendo mi espacio y mi tiempo, negando mi fantasía con su realidad. Me siento torpe, porque ella, con gritos, espera que yo regrese. Pero ya he tomado mi decisión. O la mato y me suicido, o me suicido y dejo que ella se consuma en su propio veneno.
La lluvia se me vino encima. Fue tan silenciosa que no la sentí llegar. Hay veces que me fastidian las gotas, pero esta vez no; me siento como cuando era niño, que corría por las calles llenas de charcos y me metía en cuanto chorro encontraba a mi paso. Los demás niños también hacían lo mismo. Hoy siento que las aguas de lluvia me fastidian, me dan fobia, y presiento que me puedo enfermar. Por eso decido ocultarme en cualquier alar. A veces llevo paraguas, pero en esta ocasión lo he olvidado. Hasta creo que fue buena idea, sino hubiera sido así, no sé qué me hubiera pasado.
Ella seguía sentada en la cama, aspiraba el humo de su cigarrillo, lo veía disolverse en las cuatro paredes de ese cuartucho de malas pulgas que, por sus consejos, él había tomado en arriendo la noche anterior…
Sé que no me ama. Nunca lo ha hecho, sólo me usa como un objeto de sus pasiones sexuales. Presiento que él es un miserable pero, en el fondo, siento que más miserable soy yo, que me he dejado llevar por su juego. Sé que algún día Emiro tomará la determinación correcta y yo estaré allí para ayudarle… Realmente, son largos años de espera, tiempo en que lo he visto hundirse en su mierda. Esa retórica banal de resentido contra todo el mundo. Ya nadie lo mira; pasa sobre él como si fuera un cero a la izquierda, eso es lo que más le disgusta, lo pone de mal genio. Ahora, me ha dejado esperándolo, mientras va al retrete y se descarga de todo ese peso físico que lleva en sus entrañas y el peso de su conciencia que lo agobia y no lo deja dormir. Tengo la certeza que algún día no saldrá del baño… y allí estaré yo para ser la primera en ver su espectáculo final: su última presentación en público. No sé qué tiempo real tendré que pasar a su lado antes que se cumpla mi presentimiento. Ahora sólo me queda esperar… y esperare.
Ahí debe estar sentada en el borde de la cama, como quien hace la maldita lectura del tarot. No puede quedarse sola un segundo, está tan metida en ese mundo de las cartas que ya se las sabe de memoria, y juega con ellas aunque éstas las esconda en el lugar más remoto, como en este instante. Me la imagino cuadrándolas, de tal forma, que su lectura será escatológica y su presentimiento se ajuste a mi realidad. Ya sé lo que me va a decir, si es que salgo de aquí… si es que esta maldita depresión no me conduce derechito al “batraciao” que guardo en mi bolsillo. ¿Cómo haré para entender a María? Siempre vive criticándome, pero cuando yo me deprimo, me consuela y corre a buscar el dinero para comprarme el vicio. Sé que ella quiere que yo me muera, por eso hace eso. Está tan segura de mi muerte, como yo lo estoy, de sus malvadas intenciones.
Lo he visto perderse. Sé que todo lo comienza y termina con un mal pensamiento. Ya estoy cansada de sus ataques de grandeza, de sus locuras. Pero no lo dejo porque no sé cómo va a reaccionar cuando se halle solo. Estoy segura que volverá a tomar las calles. Se hundirá cada vez más en sus heces, y entonces si será difícil volverlo a la realidad. Estoy plenamente segura que, Emiro, ya no es más de ahí. Cuando yo le leí las cartas por primera vez, le mostré un camino promisorio, podía llegar lejos con la nueva trova; en verdad no me creyó, pensó que eran vainas mías, que la gitana que me enseño me había estafado. De pronto en ese momento tenía razón, pero con el tiempo yo aprendí, y de allá a acá, todo lo que le he dicho le ha salido cierto. Sin embargo, no me atrevo confesarle la verdad sobre lo que vi ayer en la última carta que le leí. En verdad me duele… pero le mentí; y le mentí porque sé que no resistiría la verdad de esa carta. Si fuera yo, también me pasaría lo mismo, desearía haberme equivocado. Pero esa carta no falla. Sólo estoy esperando ese momento, tal vez su impotencia viril y esta llovizna, en pleno mes de mayo, sean la señal. Pero no puedo asegurar nada porque él con su miedo me ha escondido las cartas.
Él, en cuclillas y lleno de resentimientos, se miraba entre las piernas; veía su órgano, flácido, colgar como un ser desfallecido. Lo tomó entre sus manos e intentó reanimarlo, pero no reaccionaba. Se llevó las manos a la cabeza… sintió que el mundo se le venía encima; maldijo el día que se había tropezado con María, y juró vengarse de ella, por todos los conjuros que le había hecho. Se puso de píe y le lanzó una mirada triste y nostálgica a su encogido pene.
Es María, con sus cartas, la única responsable de todas mis desgracias. Desde que ella aprendió ese arte, y dejó a un lado el canto, la vida se me volvió un ocho… yo siempre se lo dije: “ve, María, no sigas desafiando lo arcano, es mejor vivir la vida sin estar retando los misterios que nos guarda el futuro y lo tuyo, sinceramente, es la música… nos podemos llenar de plata, y eso lo sé yo sin utilizar esas porquerías de cartas”. Entonces, ella me daba media vuelta, se reía, y se iba cantando: “¡La vida nos da sorpresa, sorpresa nos da la vida! ¡Ay, Dios...! ¡Pedro Navaja, ladrón de esquina, al que a hierro mata a hierro termina!”. Mientras la veía perderse detrás de la cortina que dividía el cuartucho, y yo me quedaba sumido en el silencio, maquinando la forma de deshacerme de ese maldito maleficio. Y tomé la firme decisión de terminar con ella. Abrí la puerta y me lance a la calle, como un perro “picao” de mal de rabia.
María, se había quedado dormitada. No sintió el ruido de la puerta cuando Emiro salió hacía la calle. Soñó con él cuando apenas tenían semanas de haberse conocido. Lo vio con su sombrero cubano, vestido de guayabera blanca y pantalón de dril del mismo color; además, llevaba puesta unas abarcas trespuntá; en las manos llevaba una guitarra e interpretaba una canción de Piero, aquella que decía “algo” sobre los estudiantes. Ella sentía la música, pero no distinguía muy bien su letra. Esa imagen, de él, nunca se le ha borrado de su mente, y eso que han trascurrido más de veinte años. “¡Lástima!”, exclamaba para sus adentros, “quién iba a pensar que al encontrarse conmigo, y yo aceptarlo como era, con sus vicios, iba ser peor la medicina que la enfermedad”. Se despertó sobresaltada y corrió hacia el baño presintiendo lo peor. Empujó la lámina de zinc que hacía las veces de puertas, y sus ojos se hallaron con un vacío; pero su corazón bajó su ritmo, y se fue tranquilizando lentamente.
Para donde habrá cogido ese perro; él cree que me va a chantajear. Y para colmo de males, me escondió las cartas. ¡Ya llegará el día ¡ ! Ya llegará el momento en que tenga que venir a pedirme que lo perdone! ¡Porque de hoy en adelante le cortaré todos los servicios! Ya lo verá llegar, como siempre, con una mano delante y otra atrás… y ahora es peor, porque ni el aparato le sirve a ese cabrón. Yo sé lo dije, que como lo usara con otra mujer, no le iba a servir sino para mear. Y no me hizo caso, el muy perro. ¡Lástima! Porque hasta buen mozo que era; pero idiota ponerse a creer en lo que dicen las cartas. Debe andar por ahí, deambulando, buscando quien le levante el conjuro. Pero ya es demasiado tarde. ¿Quién podía curarlo, sí ya se le murió?
Ella, María Andrade De Lázaro, descendió de su monólogo interior y se sentó, nuevamente, en el borde de su cama, con la esperanza de que él volviera… porque ya comenzaba a sentir nostalgia, por esas cartas, por él, su Emiro, su pájaro, y su ardoroso y solitario nido. Se miró en el espejo que colgaba frente a la cama, pero su rostro ya no era el mismo, los años lo habían ajado tanto que le dio vergüenza de sí y, cerrando sus ojos, se tiró nuevamente en la cama, pero ya no le quedaban fuerzas en su memoria para seguirlo recordando.
viernes, 9 de abril de 2010
HOMENAJE A BARRANQUILLA
A Barranquilla,
Mi pequeña naviera...
Ella se hizo sola, desde siempre,
Fue estrella del río y del mar
Fulgurante estela que navega
Bajo la luz celestial…
Nadie conquistó esta tierra
Ella se hizo conquistar…
Fue la tierra prometida
Que se ofreció como un manjar…
Barranquilla se hizo sola
Anclada a la rivera del río
Fondeada a la orilla del mar…
Fue pez, se hizo ave
Y comenzó a volar y volar…
Es gaviota que se aleja
Entre las sombras del tiempo
Y las caricias del mar…
Canta la pequeña niña
En la alameda tropical…
Una canción de hermosa cuna
Que al poeta hizo cantar.
CANCIÓN DE LUZ
I
Una ciudad, como la mía,
Es un sitial de humano cielo,
Un espacio de jolgorios y alegrías,
Una canción del mar:
¡Oh, Navegante de un río de soles y de sueños!
II
Esa diosa del Caribe, altiva, jovial y risueña,
Madre del folklor, reina de la cumbia.
Eres la canción de luz profunda,
Con el azul del mar, tú me acaricias
Y me abrazas con el frescor de tus delicias.
III
Enlazas, mi ser con tus dedos
De brisas y de lluvias…
Grata Dama, de señorial acento
Tu pulcritud, muchas veces, la mancillan,
Pero eres fuerza arrogante de lo honesto
¡Brote de luces! ¡Oh, Mi Barranquilla!
IV
¡Hoy quiero clamar por tu contento…
Sin importar que hurten
El cantar de tus verdes sinfonías,
Siempre serás mi luna y sol,
Mis alegrías
Mi anchuroso mar,
Mi dulce río,
Espejo sustancial donde me miro,
Tierna grácil… mi linda villa,
Broche del mar, ojal del río!
HOMENAJE A BARRANQUILLA
Buscas unir todas tus aguas
Anidar tus sueños y los ajenos
Recorriendo con tus brisas los recuerdos
Remos, de la nave gris, de tu existencia
Alas que te permiten alzar el vuelo…
No te dejes detener por esta angustia
Quieres permanecer en el ascenso
Unida a una patria que te busca
Intensamente para salir a flote
Luego que te ha dejado sola
Lanzándote al olvido de la historia
Ahogándote en sus afanes centralistas.
Mar y rio, te rodean desde siempre,
Introducen en ti bella hidalguía…
Pero eres madre de loca algarabía
Amor de todo aquél que a ti se arrima
Templo del Mar Caribe-gran Océano,
Reina que te miras en el sol y la luna
Imponente dama de vestido azul y verde
Abres tus brazos a todos los turistas.
Como te quiero mi linda villa,
Haces de todo caminante un visitante
Invitándolo a que nunca te olvide
Cantar el hermoso Himno, de
Amira, nuestra Rosa, desde tus orillas.
Dalit R. Escorcia M.
21 de marzo del 2010.
Mi pequeña naviera...
Ella se hizo sola, desde siempre,
Fue estrella del río y del mar
Fulgurante estela que navega
Bajo la luz celestial…
Nadie conquistó esta tierra
Ella se hizo conquistar…
Fue la tierra prometida
Que se ofreció como un manjar…
Barranquilla se hizo sola
Anclada a la rivera del río
Fondeada a la orilla del mar…
Fue pez, se hizo ave
Y comenzó a volar y volar…
Es gaviota que se aleja
Entre las sombras del tiempo
Y las caricias del mar…
Canta la pequeña niña
En la alameda tropical…
Una canción de hermosa cuna
Que al poeta hizo cantar.
CANCIÓN DE LUZ
I
Una ciudad, como la mía,
Es un sitial de humano cielo,
Un espacio de jolgorios y alegrías,
Una canción del mar:
¡Oh, Navegante de un río de soles y de sueños!
II
Esa diosa del Caribe, altiva, jovial y risueña,
Madre del folklor, reina de la cumbia.
Eres la canción de luz profunda,
Con el azul del mar, tú me acaricias
Y me abrazas con el frescor de tus delicias.
III
Enlazas, mi ser con tus dedos
De brisas y de lluvias…
Grata Dama, de señorial acento
Tu pulcritud, muchas veces, la mancillan,
Pero eres fuerza arrogante de lo honesto
¡Brote de luces! ¡Oh, Mi Barranquilla!
IV
¡Hoy quiero clamar por tu contento…
Sin importar que hurten
El cantar de tus verdes sinfonías,
Siempre serás mi luna y sol,
Mis alegrías
Mi anchuroso mar,
Mi dulce río,
Espejo sustancial donde me miro,
Tierna grácil… mi linda villa,
Broche del mar, ojal del río!
HOMENAJE A BARRANQUILLA
Buscas unir todas tus aguas
Anidar tus sueños y los ajenos
Recorriendo con tus brisas los recuerdos
Remos, de la nave gris, de tu existencia
Alas que te permiten alzar el vuelo…
No te dejes detener por esta angustia
Quieres permanecer en el ascenso
Unida a una patria que te busca
Intensamente para salir a flote
Luego que te ha dejado sola
Lanzándote al olvido de la historia
Ahogándote en sus afanes centralistas.
Mar y rio, te rodean desde siempre,
Introducen en ti bella hidalguía…
Pero eres madre de loca algarabía
Amor de todo aquél que a ti se arrima
Templo del Mar Caribe-gran Océano,
Reina que te miras en el sol y la luna
Imponente dama de vestido azul y verde
Abres tus brazos a todos los turistas.
Como te quiero mi linda villa,
Haces de todo caminante un visitante
Invitándolo a que nunca te olvide
Cantar el hermoso Himno, de
Amira, nuestra Rosa, desde tus orillas.
Dalit R. Escorcia M.
21 de marzo del 2010.
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