…de tu perfecta desnudez
Mis manos se embriagan,
Corren sigilosas, serpenteantes,
Buscan el borde de tus profundidades.
Mis ojos se detienen en tus abismos
Y esa copa de piel, canta a la luna.
Y el rocío cristalino, moja tus pliegues,
Y mis ojos dentro destejen otro himno.
¡Canto de libertad y de esperanza!
Voces que nos llegan de las montañas,
Sueño andariego de un poeta…
Flor de cayena abierta y roja…
Muerte y dolor cuajan mis ojos
Sangre dispersa sobre el planeta.
…bajan mis manos hasta tu pubis,
Hierve mi sangre en tu silencio
Siento vibrar tu piel muy dentro…
Ansias de ti hasta mí suben
¡Canta cantor tus ilusiones!
Abre tus labios en pos de un verso
Llegan tus carnes como las mieles
Beso tu boca, sorbo tus besos…
¡Cuelga el pistilo, la flor se duerme…
Cierro mis ojos y el pensamiento!
Este blog es un espacio creado para publicar las producciones literarias de Dalit R. Escorcia M., para que sus amigos y los que no lo son, pero deseen recrearse, se regalen un momento de su tiempo para depositar sus ojos y su mente sobre estas líneas que buscan abrir un camino hacia la libertad de una verdadera creación con amor y dolor. Autor.
CANTAR POR LA VIDA... NO IMPORTA SI ES POR TRISTEZAS Ó ALEGRÍAS
"Estos Cantos se harán en versos o en prosas; lo que importa de ellos es la forma de mover los sentimientos. Si éstos son de alegría: ¡Que Viva la Vida!... Y si son de tristezas ¿qué le vamos hacer? pero... ¡Que siga Viviendo la Vida!"
Páginas
miércoles, 7 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
¿QUIÉN O QUIENES?
¿Quién llena estos vacíos…
De voces taciturnas?
¿Quién gime ante mi tumba
Si estoy muerto de frío…?
Espero que noviembre traiga
Un canto de alegría, envuelto
En grato papel de regalo
Para que diciembre coseche navidades…
Un hermoso nido de guirnaldas
Colgado del dintel de la inmensa soledad.
¿Quién abrió sus ojos al olvido
Y sin requiebros se dejó mojar?
¿Y quién abrió su boca a las palabras
Y dejó cercar sus oídos en la distancia
Cuando las horas se iban diluyendo
Detrás de cada campanada?
¿Y quién detuvo estos versos en el aire
E hizo palomas y flores desde la oscuridad
De la distancia y entre pecados escribió
Un verso a las tristes añoranzas?
Se fueron entonces los hidalgos
Y nos quedaron los gamines en las calles…
Un pobre perro se rasca su sarna
Y una pequeña hace de su cuerpo un infierno.
Es la lluvia de palabras que en gotas
Resbala desde el alar de las almas…
¿Y quién pena, y quién llora?
Y no responde sino la sangre de la aurora.
Otra ola de calor se desliza y decanta
Cuando busco el fresco sabor de tus palabras.
Pero esta tarde se muere la luz en tu distancia
Y vaporosa sube una canción hasta mi alma…
De voces taciturnas?
¿Quién gime ante mi tumba
Si estoy muerto de frío…?
Espero que noviembre traiga
Un canto de alegría, envuelto
En grato papel de regalo
Para que diciembre coseche navidades…
Un hermoso nido de guirnaldas
Colgado del dintel de la inmensa soledad.
¿Quién abrió sus ojos al olvido
Y sin requiebros se dejó mojar?
¿Y quién abrió su boca a las palabras
Y dejó cercar sus oídos en la distancia
Cuando las horas se iban diluyendo
Detrás de cada campanada?
¿Y quién detuvo estos versos en el aire
E hizo palomas y flores desde la oscuridad
De la distancia y entre pecados escribió
Un verso a las tristes añoranzas?
Se fueron entonces los hidalgos
Y nos quedaron los gamines en las calles…
Un pobre perro se rasca su sarna
Y una pequeña hace de su cuerpo un infierno.
Es la lluvia de palabras que en gotas
Resbala desde el alar de las almas…
¿Y quién pena, y quién llora?
Y no responde sino la sangre de la aurora.
Otra ola de calor se desliza y decanta
Cuando busco el fresco sabor de tus palabras.
Pero esta tarde se muere la luz en tu distancia
Y vaporosa sube una canción hasta mi alma…
lunes, 28 de junio de 2010
lunes, 14 de junio de 2010
Vuelven y Suenan Timbres.*
Vuelta la hoja en la mañana:
El sol entra por la ventana
Y el canto de un ave
Se cuelga de los árboles
Esa es la voz del caminante
La misma canción
Hecha palabras sueltas
Y un silbido
Cruza la calle…
Otro andariego va por los caminos.
Quién creyera de las horas de la noche,
El ultimo campanazo
Hace despertar al centinela
Y un perro ladra en la otra esquina…
Quién creyera de las horas de la vida
El último latido
Hace despertar el nervio más dormido
Y un profundo silencio
Se rompe en mil pedazos
Cuando se escuchan
Quejidos de agonía
Y risas escondidas
Al otro lado de la calle.
Ya la muerte es una…
Y suma, resta, divide y multiplica.
De lapidas se llenan nuestras vidas
Y nada detiene esta desdicha.
¡La vida es flor de un día,
La muerte…
Una eterna y diáfana sombra
Que nos envuelve!
*Homenaje a un excelente poeta Colombiano.
El sol entra por la ventana
Y el canto de un ave
Se cuelga de los árboles
Esa es la voz del caminante
La misma canción
Hecha palabras sueltas
Y un silbido
Cruza la calle…
Otro andariego va por los caminos.
Quién creyera de las horas de la noche,
El ultimo campanazo
Hace despertar al centinela
Y un perro ladra en la otra esquina…
Quién creyera de las horas de la vida
El último latido
Hace despertar el nervio más dormido
Y un profundo silencio
Se rompe en mil pedazos
Cuando se escuchan
Quejidos de agonía
Y risas escondidas
Al otro lado de la calle.
Ya la muerte es una…
Y suma, resta, divide y multiplica.
De lapidas se llenan nuestras vidas
Y nada detiene esta desdicha.
¡La vida es flor de un día,
La muerte…
Una eterna y diáfana sombra
Que nos envuelve!
*Homenaje a un excelente poeta Colombiano.
jueves, 3 de junio de 2010
LA IRONÍA DE UN SUICIDA.
Se dejó caer en la cama. Miró los detalles del cielo raso, los recorrió con la mirada, y se detuvo en el punto más central, como si allí existiera algo más allá de esas láminas blancas. Estuvo en esa actitud por espacio de quince minutos, como si nada le importara. En su rostro se reflejaba una placidez que en el fondo no era cierta. Supo esa mañana que la vida significaba la intensidad con que se vivía y no el comer, pensar, soñar, vestir, porque era allí donde cada quién se diferenciaba de los demás.
Soltó la colilla de cigarrillo y escupió contra la pared sin importarle donde iba a dar el escupitajo; siempre le sucedía lo mismo. Cada fin de año era para él una época de vanos recuerdos. Solitario, en un cuartucho de mala muerte, le tocaba esperar los pitos, acompañado de una botella de aguardiente y dos papeletas de bazuco. Nunca comprendió su situación. Todos los años, desde que cumplió los veintiuno, se encerraba en su cuarto a meditar sobre su futuro. Algunas veces pensó en el suicidio, pero jamás tuvo el valor de llevar acabo esa empresa. Cuando estaba en el punto más crítico de su reacción se acobardaba y volvía muy campante a la realidad. Al día siguiente, simplemente le quedaba un amargo sabor en la boca y una fuerte jaqueca.
Pero pensó que hoy sí sería su noche, no había tomado un trago, no había soplado nada; y simplemente, se había sentado en el parque en una actitud de indiferencia sin sentir el más mínimo deseo de volver a su patria. Había escapado de ella hacía ya más de quince años y cuando lo hizo juró no volver nunca jamás. Además, aunque lo hubiera deseado no lo podía hacer; allí lo estaban esperando para cobrarle la traición que le había hecho al negro Rengifo, a quién vendió después de engañarlo con una falsa amistad de negociante de droga.
Pasaron por su mente esos días y esas noches… y él, se ocultó en las sombras.
Ahora gira la cabeza hacía la esquina y baja la mirada hasta la luna del espejo que colgaba en la pared. Detrás de ese espejo escondía la vida y la muerte, él era conciente de eso, y presentía el acercarse cada vez más la hora señalada, más no sentía angustia sino una sensación fuerte de experimentar algo nuevo.
Se levantó lentamente, se acercó al espejo y tomó entre sus manos el revólver, lo observó con sumo cuidado, lo llevó hacia la cama. Nada le decía lo contrario de lo que había pensado, sin embargo, nada le aseguraba lo otro; era un juego, un ganar o perder, un vivir o un morir… Pero él estaba vivo… y quién le garantizaba todas esas maravillas, y si fracasaba… a dónde irían a tener todas esas ilusiones. Volvió y se acercó al espejo, colocó de nuevo en su parte de atrás el arma; era una pieza de museo, seis tiros, estaba brillante, nunca la había usado. Siempre la guardaba para él; tenía la certeza que algún día se tendría que decidir… y el valor no había llegado hoy, pero no estaría muy lejano ese día.
Se levantó pensando en eso, iba tan distraído que no se percató, al entrar al baño, que el jabón estaba en el suelo, lo pisó y cayó pesadamente. Allí lo encontró la dueña del cuartucho, cuando el seis de enero del año 1968, ya el vecindario no soportaba el hedor penetrante que salía a la calle, como una inequívoca señal él, para seguir mortificando a los vecinos y a los transeúntes, como aquel día que se desnudó y se puso a dar vueltas por la manzana, llevando una maleta y un sombrero de paja que le tapaba los genitales.
Nadie quería perderse ese momento, de verlo tendido a lo largo. Sólo yo me abstuve, por respeto a aquella vieja amistad con sus padres, de salir corriendo para mirar su rostro descompuesto, de “hippie”, sonriéndonos. Estaba plenamente seguro que así estaría por los siglos de los siglos. Su ironía era tal que nadie se lo soportaría aún después de muerto.
Soltó la colilla de cigarrillo y escupió contra la pared sin importarle donde iba a dar el escupitajo; siempre le sucedía lo mismo. Cada fin de año era para él una época de vanos recuerdos. Solitario, en un cuartucho de mala muerte, le tocaba esperar los pitos, acompañado de una botella de aguardiente y dos papeletas de bazuco. Nunca comprendió su situación. Todos los años, desde que cumplió los veintiuno, se encerraba en su cuarto a meditar sobre su futuro. Algunas veces pensó en el suicidio, pero jamás tuvo el valor de llevar acabo esa empresa. Cuando estaba en el punto más crítico de su reacción se acobardaba y volvía muy campante a la realidad. Al día siguiente, simplemente le quedaba un amargo sabor en la boca y una fuerte jaqueca.
Pero pensó que hoy sí sería su noche, no había tomado un trago, no había soplado nada; y simplemente, se había sentado en el parque en una actitud de indiferencia sin sentir el más mínimo deseo de volver a su patria. Había escapado de ella hacía ya más de quince años y cuando lo hizo juró no volver nunca jamás. Además, aunque lo hubiera deseado no lo podía hacer; allí lo estaban esperando para cobrarle la traición que le había hecho al negro Rengifo, a quién vendió después de engañarlo con una falsa amistad de negociante de droga.
Pasaron por su mente esos días y esas noches… y él, se ocultó en las sombras.
Ahora gira la cabeza hacía la esquina y baja la mirada hasta la luna del espejo que colgaba en la pared. Detrás de ese espejo escondía la vida y la muerte, él era conciente de eso, y presentía el acercarse cada vez más la hora señalada, más no sentía angustia sino una sensación fuerte de experimentar algo nuevo.
Se levantó lentamente, se acercó al espejo y tomó entre sus manos el revólver, lo observó con sumo cuidado, lo llevó hacia la cama. Nada le decía lo contrario de lo que había pensado, sin embargo, nada le aseguraba lo otro; era un juego, un ganar o perder, un vivir o un morir… Pero él estaba vivo… y quién le garantizaba todas esas maravillas, y si fracasaba… a dónde irían a tener todas esas ilusiones. Volvió y se acercó al espejo, colocó de nuevo en su parte de atrás el arma; era una pieza de museo, seis tiros, estaba brillante, nunca la había usado. Siempre la guardaba para él; tenía la certeza que algún día se tendría que decidir… y el valor no había llegado hoy, pero no estaría muy lejano ese día.
Se levantó pensando en eso, iba tan distraído que no se percató, al entrar al baño, que el jabón estaba en el suelo, lo pisó y cayó pesadamente. Allí lo encontró la dueña del cuartucho, cuando el seis de enero del año 1968, ya el vecindario no soportaba el hedor penetrante que salía a la calle, como una inequívoca señal él, para seguir mortificando a los vecinos y a los transeúntes, como aquel día que se desnudó y se puso a dar vueltas por la manzana, llevando una maleta y un sombrero de paja que le tapaba los genitales.
Nadie quería perderse ese momento, de verlo tendido a lo largo. Sólo yo me abstuve, por respeto a aquella vieja amistad con sus padres, de salir corriendo para mirar su rostro descompuesto, de “hippie”, sonriéndonos. Estaba plenamente seguro que así estaría por los siglos de los siglos. Su ironía era tal que nadie se lo soportaría aún después de muerto.
sábado, 29 de mayo de 2010
LAS MALDICIONES CREADAS/ (La Oración del Tabaco)
Le temblaron los labios. Escuchó, en el otro cuarto, la voz de la hermana recriminándola. Sintió que una bocanada de humo se le atragantaba en la garganta. Y mirando la punta incandescente del tabaco, le sentenció a María Iluminada: _ “En esta parte de la candela, observo que los tiempos malos aún no cesan para tu familia… pero auguro tiempos mejores por este lado…” Volvió a llevarse el tabaco a los labios y exclamó: “¡Observa! ¡Observa! ¡Lo ves, está clarito de este otro lado! Tu soltería pronto llegará a su fin…” Y de pronto, se escuchó nuevamente la voz de la hermana que le decía: _ “Engracia… no juegues con fuego…recuerda la historia de la bisabuela Encarna y la abuela Dioclesiana. No te pongas a provocar a lo que no conoces… Siempre me han dicho que en el hogar donde se realizan conjuros, viven salaos, la gente nunca sale de la pobreza… y siempre se está al borde de las desgracias…” Engracia levantó los hombros e hizo un mohíno con la boca y, con un gesto de fastidio, apagó el tabaco; lo guardó en un pequeño cofre que tenía sobre un nochero.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurges, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana: _ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.
María Iluminada miraba a Engracia con profunda intranquilidad. Aún no entendía, lo que a través de las pavesas del tabaco había escudriñado su prima, quién desde muy niña le encantaba hacer de pitonisa. Se sintió acorralada, golpeada por el infortunio. Y salió preocupada con la intensión de ir a su casa y contarle a la tía Cleotilde.
Cuando yo me enteré del juego de María Iluminada y mi prima Engracia, la piel se me erizó. Me acordé, enseguida, de las abuelas Encarna y Dioclesiana, de sus rostros apesadumbrados, ojos tristes y lo lúgubre de sus casas. Cada ruido y sino que ellas detectaban, día tras día, los interpretaban como desgracias, programadas por sus supuestas enemigas para que ellas nunca salieran de la pobreza. Sentí que todos los Armestos habíamos caído en un círculo vicioso. No existía dinero, que se trabajara, que no se fuera, como sal y agua, pagando a los hechiceros, hechiceras, yerbateros y yerbateras para curarse de supuestos maleficios padecidos o previstos hacia el futuro.
Corrí a la casa. Y en ella encontré a todas mis tías y primas reunidas alrededor de la cama de mi madre que había sufrido un desmayo. Algo gris cruzó por mi pensamiento… y pude presentir como mi madre había sido envenenada por los brebajes y menjurges, dados como remedio, por mis tías y primas. Gracias a Dios, que sólo fue una visión pasajera… Me levante sobresaltado de la cama. El maldito despertador no había timbrado, o a mí se me olvidó programarlo. Sentí que el mundo se me venía encima, porque tenía una cita de trabajo programada para las 8:00 a.m. y ya eran las 8:10 y aún me encontraba envuelto entre las sábanas. ¿Qué más desgracia?... que quedarse profundamente dormido por estar soñando tonterías sacadas de las historias de las abuelas. Pensé, entonces: “Me espera un tiempo largo de vagancia, sino logro que me den ese empleo”. Se irguió rápidamente y se dirigió, con la toalla en la mano, al pequeño espacio que hacía las veces de baño. A medio paso de entrar a la ducha, se acordó del amuleto dejado bajo la almohada y la oración de San Judas Tadeo que le había recomendado su mamá. Volvió sus pasos, pero ya era demasiado tarde, el reloj de su despertador marcaba las 8:15 a.m. y Engracia le gritaba a su hermana: _ ¡Recoge agua porque parece que se está yendo, tú sabes cómo son estas vainas en Barranquilla! _. Las voces le resonaron en su cabeza y se fueron perdiendo en el fondo de la casa.
lunes, 24 de mayo de 2010
PREMEDITACIONES
PREMEDITACION XIII.
…Quiero,
Atarme las manos que empuñan mi desgracia
Y con el corazón hacerme un nudo en la garganta.
…Quiero,
Escupir el vientre de la angustia,
Mirar la sangre correr por mis labios
Hasta sellar mi boca macilenta
Y escuchar los gritos que se adhieren a mis huesos,
Y no me dejan mover…
Quiero que se prohíban las torturas en esta celda.
Lo que ves, sientes y escuchas
Es otra de tus tantas pesadillas, prisionero…
Nada me hace temblar
Porque la guerra me lacera en lo mortal
Y me llena de dolor desde aquí hasta la muerte.
PREMEDITACIÓN XIV.
…A dónde irán mis pasos cuando yo me pierda
Y a qué lugar mis sombras cuando llegue mi ocaso.
Se de los mitos, ritos y leyendas, de la fe y la certeza
Del placer y el dolor, del amor y la envidia,
De la seda y la piedra… mas no hallo respuestas
Cuando escribo un poema
Porque siento que el viento borra con sañas mis preguntas.
…A dónde irán mis alas, cuando mi vuelo muera
Y detrás de qué silencios, mis voces irán…
Triste está mi tierra, llena de puñales
Y una creciente ahoga nuestro deseo de amar.
A dónde irán los cantos, a dónde irán, cuando yo me pierda,
Si todo es silencio… si todo es… vana obscuridad.
PREMEDITACION XV.
…no se puede perder lo obscuro de la noche
Ante un grito
Y esperar despacio otras sombras y silencios
Mientras cae leve la tormenta…
No se puede perder el canto y la sonrisa
De los labios de criaturas tan hermosas,
Mientras los hombres juegan, ríen y cantan
Al son y danza de la ineludible muerte,
Cual cazador cazado en sus tinieblas…
Cual fuego que ilumina un depósito de pólvora.
PREMEDITACION XVI.
Sentir la agonía, de una vida sin espera,
En la puerta gris de una ciudad, sin alas,
Es casi decir que he muerto y quiero
Volver a gritar con las manos atadas…
Sentir el latir de un presentimiento
Nos crea la ingrata nostalgia de la noche
Cuando apenas cae de ti una migaja
Y el pan se pierde con el moho del hambre
Del hombre que te espera con su daga.
PREMEDITACION XVII.
Volver a pintar el cielo, desde ese marco,
De vaguedad y olvido…
Es la ilusión más divina del humano
Que crece en las montañas y muere
Melancólico en las orillas de un mar
Qué triste llora la sal de su desidia…
PREMEDITACION XVIII.
Volver a pintar el cielo, desde la dimensión
Exacta del pintor que muere, ante la luz del sol
Y el omnipresente verde de las montañas,
Es construir un universo de constelaciones inexactas
Y un pluriverso de amores y nostalgias
Adornado con gardenias y flor de malva…
Volver a pintar el cielo, del hogar,
Desde el calor del abrazo de los seres que nos aman,
Es construir los sueños más sublimes…
Sin cerrar los ojos del padre ante la lluvia.
PREMEDITACION XIX.
…y volver a pintar el cielo ante la noche
Es dejarnos ir por mundos tutelares
Ensombreciendo el canto de los niños
Con el llanto de las madres solitarias
Y el rezo de los viejos -caminantes-
En la mitad del patio de la casa…
Recogiendo las flores y los grillos:
Conjugación… acción y versos
De olores y músicas de alas -a lo Silva-
Para volver a definir las noches
Como aquellas sutiles damas
Vestidas de profundo luto…
Que acompañan a sus amantes
Y a la muerte, tétrica mortaja,
Bajo la luz y los silencios
De los vientos y las lunas…
De la soledad y la nada.
…Quiero,
Atarme las manos que empuñan mi desgracia
Y con el corazón hacerme un nudo en la garganta.
…Quiero,
Escupir el vientre de la angustia,
Mirar la sangre correr por mis labios
Hasta sellar mi boca macilenta
Y escuchar los gritos que se adhieren a mis huesos,
Y no me dejan mover…
Quiero que se prohíban las torturas en esta celda.
Lo que ves, sientes y escuchas
Es otra de tus tantas pesadillas, prisionero…
Nada me hace temblar
Porque la guerra me lacera en lo mortal
Y me llena de dolor desde aquí hasta la muerte.
PREMEDITACIÓN XIV.
…A dónde irán mis pasos cuando yo me pierda
Y a qué lugar mis sombras cuando llegue mi ocaso.
Se de los mitos, ritos y leyendas, de la fe y la certeza
Del placer y el dolor, del amor y la envidia,
De la seda y la piedra… mas no hallo respuestas
Cuando escribo un poema
Porque siento que el viento borra con sañas mis preguntas.
…A dónde irán mis alas, cuando mi vuelo muera
Y detrás de qué silencios, mis voces irán…
Triste está mi tierra, llena de puñales
Y una creciente ahoga nuestro deseo de amar.
A dónde irán los cantos, a dónde irán, cuando yo me pierda,
Si todo es silencio… si todo es… vana obscuridad.
PREMEDITACION XV.
…no se puede perder lo obscuro de la noche
Ante un grito
Y esperar despacio otras sombras y silencios
Mientras cae leve la tormenta…
No se puede perder el canto y la sonrisa
De los labios de criaturas tan hermosas,
Mientras los hombres juegan, ríen y cantan
Al son y danza de la ineludible muerte,
Cual cazador cazado en sus tinieblas…
Cual fuego que ilumina un depósito de pólvora.
PREMEDITACION XVI.
Sentir la agonía, de una vida sin espera,
En la puerta gris de una ciudad, sin alas,
Es casi decir que he muerto y quiero
Volver a gritar con las manos atadas…
Sentir el latir de un presentimiento
Nos crea la ingrata nostalgia de la noche
Cuando apenas cae de ti una migaja
Y el pan se pierde con el moho del hambre
Del hombre que te espera con su daga.
PREMEDITACION XVII.
Volver a pintar el cielo, desde ese marco,
De vaguedad y olvido…
Es la ilusión más divina del humano
Que crece en las montañas y muere
Melancólico en las orillas de un mar
Qué triste llora la sal de su desidia…
PREMEDITACION XVIII.
Volver a pintar el cielo, desde la dimensión
Exacta del pintor que muere, ante la luz del sol
Y el omnipresente verde de las montañas,
Es construir un universo de constelaciones inexactas
Y un pluriverso de amores y nostalgias
Adornado con gardenias y flor de malva…
Volver a pintar el cielo, del hogar,
Desde el calor del abrazo de los seres que nos aman,
Es construir los sueños más sublimes…
Sin cerrar los ojos del padre ante la lluvia.
PREMEDITACION XIX.
…y volver a pintar el cielo ante la noche
Es dejarnos ir por mundos tutelares
Ensombreciendo el canto de los niños
Con el llanto de las madres solitarias
Y el rezo de los viejos -caminantes-
En la mitad del patio de la casa…
Recogiendo las flores y los grillos:
Conjugación… acción y versos
De olores y músicas de alas -a lo Silva-
Para volver a definir las noches
Como aquellas sutiles damas
Vestidas de profundo luto…
Que acompañan a sus amantes
Y a la muerte, tétrica mortaja,
Bajo la luz y los silencios
De los vientos y las lunas…
De la soledad y la nada.
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